Idazleak - Laida Martínez Navarro - Hemeroteka - Espero despertar la vena creativa y si además consigo sacudir alguna conciencia, pues mejor”

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2017-16-01 Espero despertar la vena creativa y si además consigo sacudir alguna conciencia, pues mejor” | J. Fernandez

Bilbao - Es consciente de que no existen fórmulas mágicas para poner freno a las situaciones de acoso escolar, tanto presencial como virtual, pero confía en la voluntad, ingenio, capacidad y arremango de los más jóvenes para plasmar en papel un final a su cuento con un plan que permita a la protagonista salir de ese túnel al que ha sido empujada por sus compañeros de clase. No es la primera vez que la escritora Laida Martínez (Bilbao, 1965) trastea en sus libros con el público infantil y juvenil con temáticas sociales porque, como ella misma dice, “son los propios niños y niñas, después de recibir una formación adecuada quienes actúan también como agentes del cambio”. Y habla desde la experiencia ya que hace unos años realizó un cómic para la entidad Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Guanajuato, en México, para explicar a los escolares en qué consistía el programa Promotores de la Paz en el que son ellos quienes resuelven los conflictos surgidos en la escuela, entre compañeros. ¿Por qué pensó en escribir sobre el acoso escolar? -Es un tema muy doloroso y actual que dispara mi imaginación. Aunque las instituciones están trabajando mucho, por desgracia queda muy lejos de estar superado. Pero no se trata de un problema de las instituciones educativas; al contrario, nos afecta a toda la sociedad. La necesidad de actuar y concienciar sobre él es acuciante. Y los escritores también podemos aportar nuestro grano de arena. Iniciar un cuento que girara sobre una escuela donde los protagonistas están padeciendo este problema me pareció que podía ser una buena idea. Los cuatro capítulos ¿son ficción, recreación o están inspirados en algún hecho real cercano? -No están inspirados en ningún hecho real cercano, concreto. Sí diré que es un tema que me interesa y sobre el que ya he escrito varios libros infantiles y juveniles (Aintzaneren koadernoa, El Club de los bichos, Zomorroen kluba,...), aunque en alguno de ellos de forma un poco más tangencial; además, he recibido una beca del Gobierno vasco para escribir una obra de teatro infantil-juvenil que se centra, precisamente, en este tema. He intentado documentarme desde un punto de vista psicológico y sociológico, a lo que me ha ayudado mi licenciatura en Psicología. Cada poco tenemos nuevas noticias sobre hechos terribles relacionados con el acoso en las aulas, por eso el inicio me vino casi solo: tenía necesidad de crear un aula donde se estuviera viviendo este problema. Quería escribir sobre personajes que lo estuvieran sufriendo. ¿Cree que al ser niños y adolescentes les será más sencillo-natural continuar su relato? -Creo que sí. La lucha contra la injusticia es uno de los grandes temas de la literatura universal y el acoso escolar no deja de ser eso: una situación muy injusta. Los niños y adolescentes son, por lo general, muy sensibles a la injusticia y todos tienen alguna vivencia, más cercana o lejana, sobre el acoso escolar. Así que, por desgracia, tal y como ocurre con los personajes de Sopapos y su banda de matones, muchos lo habrán vivido en directo bien como víctima, bien como espectador o como acosador… Eso facilitará a los niños y adolescentes la tarea de calzarse los zapatos de Luciana, la protagonista, y meterse en la piel de aquellos que están sufriendo esta situación. Esos capítulos reproducen los perfiles y discursos [profesorado, familia, alumnos y compañeros,...] que desgraciadamente suelen acompañar a los episodios de acoso escolar. ¿Lo ha hecho con el propósito de que todos se reconozcan? Publicidad inScroll by ad6 -Buscaba plantear una historia, una situación clara donde se estuviera produciendo acoso y, ¿por qué?... Pues porque para resolver un problema el primer paso es darse cuenta de que ese problema existe, está ahí. Luego llegará el pensar sobre las estrategias para hacerle frente, vencerlo, etc… Cuando me plantearon escribir el inicio del cuento de Bizkaidatz, me pareció sumamente interesante ver cuáles podían ser las estrategias que los propios niños plantearían para salir de la situación. Al fin y al cabo ellos son los que están día a día en los centros escolares; ellos ven esos casos cuando los hay y en ese aspecto se convierten en “expertos”. Como escritora que aborda el tema del acoso escolar me parecía fascinante descubrir cómo los niños, niñas y adolescentes se enfrentan a una historia concreta donde hay que salvar a alguien. Será apasionante verlos tirando de imaginación y saber si consiguen salir victoriosos, bien con métodos más convencionales o incluso mágicos. ¿Espera que de esa continuación de su relato sea posible extraer alguna conclusión o solución válida? -Puede ser, pero vaya por delante que Bizkaidatz no es una encuesta, es una propuesta para escribir un relato. En algunos cuentos aparecerán posibles soluciones muy pegadas a la realidad; y en otros nos sorprenderán con continuaciones mágicas o que, simplemente, van por otros derroteros. Literariamente todas son perfectamente válidas, por supuesto, y pueden constituir relatos maravillosos. Por otro lado, tal vez algunos niños se centren más en las emociones que en las soluciones, lo que también puede ser magnífico. Supongo que habrá de todo, que es lo bueno. Pero también es verdad que los “expertos” en ir al colegio, a la ikastola, a la escuela, al instituto son los alumnos y alumnas. También son expertos en vivir todas y cada una de las situaciones que en ella se dan: las buenas y las menos buenas, o las malísimas como cuando se producen casos de bullying. Por eso su punto de vista es valiosísimo, pero hasta ahora se ha tenido en cuenta relativamente. ¿Cuál sería para usted el “plan perfecto” que preludia la protagonista para desterrar el acoso escolar? -No sé si existen planes perfectos. ¡Ojalá! pero no es fácil. Luciana, mi protagonista, pone un cebo para incentivar la imaginación de los participantes en Bizkaidatz. Desea su ayuda, y yo la pido desde aquí, para resolver un problema terrible. Imaginación y estrategia al poder: drama, comicidad, magia… Todo vale. Y lo primero es darse cuenta de que es un problema que debemos resolver. Cuanto antes se detectan los problemas es más fácil intervenir. Es mucho mejor eliminar los riesgos que mitigar los daños una vez producidos. Es consciente de que pueda haber participantes que hayan sufrido acoso o que lo hayan ejecutado... -Sí, por desgracia soy muy consciente de ello. Pero no solo las víctimas cuentan: están los observadores pasivos. Se calcula que tres de cada cuatro estudiantes han sido testigos alguna vez de alguna situación de bullying. ¿No es apabullante?... Aunque pueda parecer que esos testigos miran a otro lado, muchas veces las situaciones de acoso les crean sentimientos de culpabilidad y de impotencia. Precisamente todos esos niños y niñas que lo hayan padecido o ejecutado podrán ponerse mejor en la piel de Luciana, Tres pies y Sopapos, y escribir cuentos magníficos. En estos tiempos es importante animar a leer y a escribir a las generaciones más jóvenes ¿pero hacerlo sobre un tema real y tan visceral? -Cada libro, cada cuento, es un mundo, un planeta. En los encuentros que hago con alumnos que han leído alguno de mis libros siempre planteo esa premisa. El escritor crea ese mundo con sus habitantes, su cielo, su tierra, sus nubes y problemas… A veces los mundos van de zombies y vampiros, de brujos y escuelas para magos, lo que está muy requetebién... Pero otras veces no va de eso. En este caso, he pretendido pegarme a lo real, a la vida cotidiana… Lo que no quiere decir que los niños no se sirvan de la magia o de la fuerza de los vampiros y zombies para librarse del problema, porque estoy segura que de todo habrá. Lo que siempre va a ser real son los sentimientos que afloren. Creo que el tema propuesto les va a interesar y a provocar. En cualquier caso, me parecía que el tema merecía la pena. Yo espero que escriban buenos relatos, que se les despierte la vena creativa. Si además consigo promover un poco la empatía y sacudir alguna conciencia, pues mejor estará.
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