Gabriel Aresti

Partidario de la verdad por encima de convencionalismos, inconformista, polemista nato, activista, trabajador infatigable por la unificación del euskara. Todo eso y más fue el bilbaino Gabriel Aresti. Comenzó a escribir en 1955. Sus primeros trabajos vieron la luz en Euzko Gogoa  y, posteriormente, fueron muchas las revistas en las que publicó, entre ellas, Egan y Anaitasuna.

En su poesía cabe distinguir tres etapas.

  1. Poesía elegante y selecta, modernista y de lenguaje purista, que a menudo refleja las preocupaciones religioso-existenciales del autor.
  2. A patir de 1959 empezó a incluir en sus trabajos el habla popular y temas de la vida cotidiana como nunca hasta entonces había hecho. A esta época pertenecen Bizkaitarra (1959-1960) y Zuzenbide debekatua (Derecho prohibido, 1961), obras en las que emplea un lenguaje cada vez más directo y coloquial. En todo caso, el primer libro de poemas de Aresti es Maldan behera (1960). Es una larga composición simbólico-mítica, de estructura cerrada y cuya comprensión requiere de amplias referencias culturales. Presenta el itinerario de un protagonista pleno de misión salvadora. Este itinerario quiere simbolizar la evolución de la poesía vasca y, en general, de la sociedad vasca. Además de poemas, en esta etapa Aresti publicó también media docena de cuentos en Egan. Estos textos, reunidos posteriormente en Ipuinak (Cuentos, 1978) se caracterizan por un lenguaje natural y sencillo.
  3. Publicó la primera obra de esta tercera etapa, el libro de poemas Harri eta Herri (Piedra y pueblo, 1964) en un momento de protesta social. Aresti abordaba temas nuevos, como la ciudad, los problemas de los trabajadores, la marginación de los oprimidos, mezclados con otros más personales o autobiográficos. Desde el punto de vista formal, introdujo el verso libre y empleó un lenguaje popular. El objetivo de su poesía era contribuir a mejorar la situación de la sociedad. Era poesía social. En esta línea, a Harri eta Herri le siguieron Euskal Harria (La piedra vasca, 1967), Harrizko Herri Hau (Este pueblo de piedra, 1970) eta Azken Harria (La última piedra, 1976). En estos trabajos, la protesta y el malestar se van agudizando y el poeta reclama dolorido su derecho a decir la verdad.

Con respecto al teatro, Aresti intentó crear un teatro integral, renovando las características del teatro vasco cultivado hasta entonces y emparentándolo con las vangaurdias. Fruto de este intento es Lau teatro arestiar (Cuatro piezas de teatro arestianas, 1971).

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