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Xabier Etxaniz Rojo > Extractos

Narrativa

Toma... |

San Sebastián, 26 de septiembre de 2000

Si leéis estas líneas es porque ya estoy muerto, por tanto, no me alargaré. Ya sabéis que me he tirado a las vías del tren y ya sabréis cuál es el motivo. Tengo triste el corazón desde la muerte de vuestra madre, lleno de desesperanza. Eso y el haberme traído a esta jaula que la llaman residencia de ancianos en la entrada me han matado para siempre. Me trajisteis al geriátrico porque me queríais. Nunca pude entender esa clase vuestra de amor.

Pero, como he dicho, no me alargaré demasiado. A fin de cuentas, en estos últimos siete años no os habéis ocupado demasiado de mi vida y no creo que mi muerte os despierte la curiosidad. Sin embargo, antes de repartir entre vosotros las tres cosas que más quiero en este mundo, hay algunas cosas que quiero decir y que no me callaré: la primera es la siguiente, que me alegro de que vuestra madre muriera antes que vosotros, pues así no pudo saber qué clase de hijos tenía. La segunda cuestión me tiene totalmente. Después de derramar tanto sudor y lágrimas por vosotros... ¿en qué nos equivocamos? No hay nada peor que el no saber. Y finalmente, que es de verdad penoso que haya de haber un testamento para veros a los tres reunidos... Pero, bueno, vayamos al grano, que me han dicho que la RENFE es bastante puntual.

Luis, para ti será la radio del abuelo. Es más vieja que yo pero el tiempo no ha podido averiarla. Es una radio excelente, mucho mejor que las de hoy en día. La usábamos hace un montón de años para saber qué sucedía fuera. A su lado pasamos tanto buenos como malos momentos. A su lado aprendimos a escuchar al prójimo. A ver si tú también aprendes a escuchar. Efectivamente, porque cuando te decía que aquí me asfixiaba estabas más sordo que las piedras. Tan sordo como las piedras. Nunca pudiste escuchar mis lamentos, estabas tan ocupado en esa maldita clínica tuya. Mira que ser otorrino... ¡toma paradoja!

Tomás, para ti un libro de mi escritor favorito: el de la Metamorfosis de Kafka. No sé si podrás leerlo, pues tus escasas visitas me hacen pensar que eres un hombre muy ocupado. Por si acaso, te diré que es una curiosa historia en la que un tipo se va convirtiendo en una cucaracha. Léela con atención y quizás, sólo quizás, te verás en ella reflejado. En efecto, de todos tú has sido el que más ha cambiado. Pensé que en estos últimos años, tonto de mí, que te ocuparías un poco de tu padre, como hacías de pequeño, creí que seguirías siendo nuestro hijo predilecto y que más nos quería. Desde que eres encargado del Área Social del Ayuntamiento casi no te he visto... ¿Temeroso de la ley de incompatibilidades o qué?... ¡toma contrasentido!

Antonio, mi reloj de bolsillo será para ti. Me lo dio como regalo un amigo que vino en un barco ruso. Yo a cambio le di dos botellas de vino. Pues así ha de comportarse un hombre. Aunque han pasado un montón de años, no me he olvidado de aquel amigo. Tú, por el contrario, te olvidaste de mí, parecía que también para ti era una carga demasiado grande. Y eso no es portarse como un hombre. El reloj tiene las letras C.C.C.P en la parte de atrás y es muy bonito. Si quieres, úsalo en la escuela, hartara, tus alumnos sabrán que una vez existió en este mundo un país llamado URSS. Pero, sobre todo, utilízalo para ver que las horas avanzan sin parar y, que antes de que lo esperes, llegará un día en el que te aparecerán las mismas arrugas que tengo yo ahora en la cara. Y ese día querrás para ti la paciencia que no has tenido conmigo. Profesor sin paciencia, profesor sin alumnos... ¡toma dicho ruso!.

Y punto. Dicho lo dicho y hecho lo hecho, a continuación la prueba de que aún os quiero: he dejado en vuestras manos lo que más quiero en este mundo. Me refiero a la casa – en realidad, a mi casa, a la casa que vosotros queríais vender cuanto antes- no tenéis de qué quejaros. La vendí la pasada semana por veintitrés kilos. La vendí a buen precio y encima en un plis-plas. Fue más cansado, en cambio, lo de pedir pequeños préstamos a empresas y bancos que los otorgan por teléfono. La factura del teléfono será bastante cara durante los próximos meses pero, al menos, no ha sido un trabajo en vano. Efectivamente, por medio de esos préstamos pude conseguir doce kilos. En total han sido treinta y cinco millones y todo lo he repartido entre algunas Organizaciones No Gubernamentales, siempre sin dar mi nombre... ¡toma clase!

Ahora sé que deberéis ocuparos de mí, o de mis deudas. Que tendréis que hacer de ahora en adelante lo que no hicisteis cuando estaba vivo. Y claro está, no espero que entendáis estas pruebas de mi amor, esta forma especial de amor. Sería pedir demasiado. A fin de cuentas yo tampoco entendí el vuestro.

Adiós.

Laxa Idarreta

Post-data: seguramente en estos días habrá un conductor de tren hecho polvo. Por favor, id donde él y contadle la verdad.

FIN




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