EU | ES | FR | EN
Facebook Twitter Vimeo Youtube
Euskal Idazleen Elkartea

Unai Elorriaga Lopez de Letona > Extractos

Narrativa

2001 Tranvía a SP | Elkar

"Has oído, Lucas, un cuadro de 4.000 millones. Es decir, que a un señor le hicieron un encargo en el siglo en el siglo XVI o en el XIV. Que tenía que hacer un retrato de la sobrina del rey Carlos, Felipe o de Duncan. Y la sobrina de Carlos, Felipe o Duncan era feísima; o no digamos que era feísima, digamos que no era muy fotogénica. Y el personaje que recibió el encargo no era, por supuesto, un personaje vulgar; era un pintor de renombre. De triple o cuádruple renombre, cómo no, en el siglo XXI. Pero el cuadro lo hizo sin demasiadas ganas, porque estuvo siete días con descomposición, o porque le habían cogido un hijo para la guerra. Y ahora ha comprado el Ministerio – lo ha dicho la televisión: 4000 millones -. Porque hasta un niño de tres años nunca dejaría manosear a nadie las cucarachas que hace con plastilina verde y con plastilina amarilla. Por eso y porque no le pagan 4000 millones."

+ + + + +

Hacía tiempo que Lucas no se separaba mucho de la cama. María aprovechaba para decirla a Marcos:

- He visto triste a Lucas. Dice que le duele.

- ¿Dónde? - Marcos.

– Dice que no sabe dónde, pero que le duele. Y que tiene frío. Y estamos en agosto. Y que le duele, que le duele mucho.

Marcos

es curioso, y también es pintoresco, quedarse dormido delante de la televisión y al despertarse ver a una persona con pasamontañas. Eso es lo queme pasó a mí. Me quedé dormido en el sofá y vi un pasamontañas nada más despertarme. La verdad es que me descoloca un poco. Quiero decir Marcos. Quiero decir el subcomandante. No sé si me gusta, si me da rabia, si me cae bien. Por una parte lo puedo imaginar cómo pasa una araña cerca de su pie y cómo lo pisa, la araña, con más fuerza de lo que se necesitaría para una araña, y con un poco de mala leche también. Y eso me angustia. Pero luego se me ocurre que tiene la suficiente habilidad como para escribir cosas como ésta:” Frente a un espejo cualquiera, dese cuenta de que uno no es lo mejor de sí mismo. Pero siempre se puede salvar algo: Una uña por ejemplo…”. Y entonces me voy tranquilizando. Pero me vuelvo a angustiar de la misma. Porque no tengo ni la más mínima dificultad para imaginar a Marcos dando órdenes. Como si dar órdenes fuera una cosa normal. Y sigo sin saber si me gusta, si me da rabia, si me cae bien. Pero lo que sí me gustaría, seguramente, sería hablar con él. Estar un rato hablando con él.


Ayer le lavé los pies a Lucas. Los tenía fríos, como una foca. Le tiré agua ardiendo al principio y más templada después. Y le hice cosquillas. Porque las cosquillas calientan los pies, igual que leer la Biblia. Al final se animó un poco; se empeñó en que también me los quería lavar él a mí.

He leído un artículo hoy, sobre la trepanación. Hace tiempo que sé lo que es la trepanación, y me ha hecho ilusión saber que sabía. Es una palabra explosiva: Trepanación.

Lo de las hormigas es muy diferente. Lo tengo bastante demostrado. Lo único que hay que hacer es elegir una hormiga que pasee confiada por cualquier mesa (a 75-90 centímetros del suelo). Pegarle, acto seguido, un pititaco (con dedo gordo y , sobre todo, con dedo corazón) y tirarla al suelo. Es seguro que siga con vida, y que salga corriendo, más desorientada, eso sí. Una hormiga es como un hueso. En los huesos se hacen trepanaciones; en las hormigas no.

Matías. Cartas

Es tiempo ya que sé que no voy a morir una mañana, que voy a morir bastante después de haber comido. Y sé casi seguro, además, que voy a ser el primero de nosotros en morir. Es por esto que os escribo unas instrucciones a vosotros, Lucas, a ti, a Ángel, a Juan y a los demás, para cuando yo esté muerto y vosotros no. Para que sepáis, de primer mano, lo que tenéis que hacer.

Pasos que debéis seguir cuando os deis cuenta de que no respiro o de que respiro muy poco:

1. Comprobar si estoy realmente muerto: entraréis a mi habitación de uno en uno, cada cinco minutos, y comprobaréis, nada más entrar, si estoy muerto de verdad. Sería conveniente, a la par que hermoso, que, una vez en la habitación, hicieseis un esfuerzo por quedaros dentro, porque en menos de hora y media nos íbamos a juntar allí más de quince personas, con un agobio en continuo ascenso, pero felices de estar juntos y felices de que nadie hubiera dicho no puedo ir, el trabajo, ya sabes.
Después de esta comprobación, podrían pasar dos cosas:

a)Que no esté muerto: tendríais derecho a enfadaros entonces – no mucho, para no despertar sospechas en la familia -, por haber perdido más de una hora en balde. Me diréis alguna barbaridad al oído y os empezaréis a ir a casa o a ir a la calle.

b)Que esté muerto: en ese caso, pasaréis al punto dos, con ilusión.

2. Es casi seguro que si me muero se celebre un funeral. Iréis a la iglesia en
calzoncillos, aunque sólo sea para aportar colorido. Sería conveniente, sin embargo, que también os pusieseis una chaqueta. Y una bufanda, si es invierno o si os duele la garganta.
Al entrar en la iglesia podréis contemplar tres fenómenos: la sorpresa de mis hermanos, la rabia de mi padre y los suspiros de mis tías solteras.

Después de la misa jugaréis un partido de fútbol en la playa.

3. compraréis una tortuga, vistosa y de ojos verdes. Os iréis turnando y la tendréis
cada uno una semana en casa, y le daréis de comer, espinacas y vainas. Y me maldeciréis, sistemáticamente, cada vez que la tortuga deje huellas de color oscuro en vuestras alfombras. Pasados dos o tres años, podréis venderle la tortuga a algún conocido para entonces. Y le pondréis de nombre Eulalia o Ambrosio.
Lucas. Ejercicios.

Muere mucha gente en el monte. Yo me aprendo de memoria los nombres de la gente que muere en el monte. Stefan Sluka, por ejemplo. Murió en el Shisha Pangma. Desapareció. El Sisha Pangma es un ochomil. Es el más pequeño de los ochomiles. Pero así y todo. Hay catorce ochomiles. Chamoux, un francés, murió en el trece, cuando le faltaba ése y otro. En el Kangchenjunga, en la bajada. Ese día pasaron dos cosas importantes en el Kangchenjunga murió Chamoux y Erhard Loretan subió su catorce. Y lo bajó. Loretan es suizo y tiene un nombre elegante.

Poca gente ha hecho los catorce. Quiero decir los ochomiles. Jerzy Kukuczka sí. Kukuczka los hizo. Luego murió en el lhotse. De salud estaría mejor que yo seguramente. Quiero decir Jerzy Kukuczka. Hay gente que no se muere, pero se le congelan los dedos y se les ponen negros, o azules oscuros, muy oscuros, o marrones oscuros. Y muchos se curan, pero muchos otros se los tienen que contar: un solo dedo o dos dedos o cinco. Como a Maurice Herzog. Y es difícil volver al monte así. Y puede que no muriera Herzog, pero murió Maurice. O al revés. En cualquier caso, Herzog dejó un papel en la punta del Annapurna. “En la vida de los hombres siempre habrá otros Annapurnas.” O algo así. Creo que todavía está vivo Herzog, pero no pondría la mano en el fuego porque, aunque lo he visto hace poco en un documental, no me fío mucho. Los documentales de la televisión suelen ser amigos y me suelen despistar.
Luego está Mallory y está Irvine. Hay quien dice que fueron los primeros en llegar al Everest. Otros dicen que no, que no llegaron. El Everest es un monde grande, de los más grandes igual. Hace poco han encontrado el cuerpo de Mallory. No tan lejos de la cima. También el K2 es un monte bastante grande.
También se llega a perder la cabeza un poco a esa altura. Y las ideas empiezan a
bailar dentro de la cabeza, y hay veces que por la nariz. Y se desparraman. Quiero decir que las ideas empiezan a bailar dentro de la cabeza, y hay veces que hasta se salen por las orejas y hay veces por la nariz. Y se desparraman. Quiero decir que las ideas empiezan a desvariar dentro de la cabeza y que no tienen ningún control. Y es bonito ver bailar a las ideas, pero también es peligroso a esa altura. Messner, por ejemplo, Messner es otro escalador. Dice que se paró a descansar en un ochomil y que estuvo hablando con una niña que estaba sentada allí. Que hablaron mucho. Messner siguió solo después. Pero le parecía que seguía teniendo compañía y que alguien le tensaba la cuerda. De vez en cuando. Es posible que no fuese Messner. Es posible que fuese otro al que le pasó todo eso. No sé. Es igual además. La cuestión es una niña a ocho mil metros de altura.
2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
eie@idazleak.eus

iametza interaktiboak garatuta