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Euskal Idazleen Elkartea

Pablo Barrio Ramirez > Extractos

Teatro

2004 Mamá, ¿estás ahí? | Bilbao Bizkaia Kutxa Fundazioa

Prólogo

La historia se sitúa en África. Al amparo de la oscuridad nocturna, un grupo de gente autóctona intenta agujerear el oleoducto con la intención de “robar” el petróleo que se produce en sus tierras y se exporta fuera de allí. Sin embargo un accidente ocurre, una terrible explosión. Se producen muertos, y también heridos. Entre los heridos hay una mujer, quien tiene una quemadura en el muslo. La obra comienza cuando vuelve con un bidón lleno de petróleo. A partir de entonces...

Se da el primer aviso para que se desconecten los teléfonos móviles. Al poco, estando apunto de levantarse el telón, se da el mismo aviso por segunda vez.

1ª ESCENA


Estamos en el bajo Sahara en África. Seguramente en un barrio pobre de los que se crean a las afueras de una de esas grandes ciudades. Allí se agolpan gentes de todo tipo atraídas por la ciudad, venidas en busca de una vida mejor a la que han dejado atrás. La mayoría, en cambio, viven en chabolas miserables que no son mejores que las que han dejado atrás. Precisamente, estamos en una de esas cabañas.

Acaba de amanecer. La chabola todavía está en la penumbra. En una esquina se adivina una litera. Allí está tumbada una muchacha enferma. Casi no podemos verla pero parece nerviosa, intranquila, temblorosa. Si viéramos a la muchacha de pie, la veríamos vistiendo una de esas camisetas de vivos colores que suelen llevar los motoristas de los rally; eso sí, una camiseta de vivos colores muy envejecida. Entre los rasgones, distinguiríamos anagramas de todo tipo, Repsol, BBVA, Telefónica, Novartis... también veríamos de la empresa EXPAL quizás escondida entre algún doblez...

Con mucho cuidado para no hacer ruido, una mujer que trae un bidón grande entra en la chabola. No podemos adivinar qué trae en el bidón, pero, sea cual sea el contenido, parece estar lleno. No podemos decir que la mujer sea joven pero de ningún modo que sea vieja. Parece coja, al menos su caminar es extraño, como si le doliera. Respira con fatiga, y tiene el vestido roto y sucio. Siempre de forma que la muchacha no lo vea, deja el bidón en un rincón y se cambia de vestido.



HIJA: Mamá, ¿estás ahí?

MADRE: Sí, mi niña, soy yo. (Se acerca donde la muchacha). ¿Qué te ocurre pues, para tener esos ojos tan bonitos abiertos de par en par?... Parecen, cariño mío, cuando parpadeas tus ojos parecen los ojos de una hermosa mariposa.

HIJA: (Con voz inquieta) Tengo miedo, mamá. Cógeme en brazos.

MADRE: ¿De qué tienes miedo, cariño mío?

HIJA: Todo me da miedo, mamá. No sé, que tú no estés a mi lado... las sombras de esta chabola... o estos escalofríos que me dejan temblando... Sí, sobre toso estos escalofríos. ¿Sabes? Como si tuviera saltamontes dentro de mí... que saltan y saltan sin parar. Se acerca a la litera de la muchacha y le pone la mano en la frente.

MADRE: (Tratando de tranquilizarla) Es fiebre, mi niña, tan solo una mala fiebre. Te contaré un bonito cuento para ahuyentar a esos malditos saltamontes, ya verás lo rápido que se te cura esa fiebre.

HIJA: (Casi sin escuchar lo que dice su madre) No, mamá... Yo, no soy más que una niña pero... pero tengo miedo de que esta sea la última vez que hablo contigo.

MADRE: No digas eso, cariño, no digas eso. (Alejándose de la litera, coge un jarro que está detrás del fuego) Duerme un poco ahora, cariño mío, mientras yo voy al pozo. Que tengo que traer agua para las dos.

HIJA: No, mamá, no voy a dormir. Prefiero tener los ojos abiertos... Quién sabe si bajo el disfraz de un sueñecito no se esconde el sueño eterno...

Llevando el jarro en la cabeza, la mujer sale. Antes de salir, coge un trapo viejo y se limpia las gotas de sangre que resbalan por su pierna.
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