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Miren Agur Meabe Plaza > Extractos

Poesia

2000 | Susa

El código de la piel


NOTAS PARA NO PERDER LA MEMORIA 1

No te puedo encerrar bajo llave,
porque eres la calle llena de locos y gorriones.
No te puedo ordenar,
porque eres un oscuro nudo lascivo de humedad.
No te puedo atrapar,
porque eres el galope sin destino.
No te puedo querer,
porque eres el saco de los miedos de la gente de bien.
No te puedo pensar,
porque eres la idea sin sentido que me tiene despierta en el desvelo.
En cambio, te puedo conocer:
eres como yo, con otra piel.


NOTAS PARA NO PERDER LA MEMORIA 2

Dejé abierta la ventana del dormitorio
y entró una alimaña.
Estaba olisqueando el aire:
creo que me sintió escondida bajo las sábanas.
No sabía que estaba desnuda, esperándole,
ni que sabía su nombre.
Era un animal mamífero,
encalvado,
de poco vello en el pecho,
de nalgas respingonas,
con los ojos llenos de sueño y kilómetros
y una mezcla de tabaco, salitre y bocadillos fríos
en su aliento.

Se le cayó la baba sobre la alfombra,
y del modo de los mares del infierno
comenzó el suelo a echar chispas.
Observó a los lados,
y las paredes se desfiguraron
como una tumba de barro.
Se arrascó en la espalda,
y mis pechos se hincharon
como el mundo en primavera.

Digo la verdad.


NOTAS PARA NO PERDER LA MEMORIA 3

Llovía sobre mi clítoris.
El rayo riela sobre tu pecho:
parecía que estaban sangrando.
Pero eran sombras,
venidas a descansar a las llanadas de tu piel.
Tu sexo tenía el olor del humo,
pardo y viejo.
Por el contrario, yo parecía ser azul
y me robaste el oxígeno
de mis agujeros rosas.
Tus dedos marrones en mi vagina,
como ramas rígidas otoñales.
Sacaste un pañuelo de papel, no sé de dónde,
y lo tiraste por la ventanilla del coche,
húmedo y arrugado.
Tenía los pechos a punto de estallar.
Llovía sobre mi clítoris.


NOTAS SOBRE LA ANGUSTIA 2

Hay carnes y carnes.
Yo sueño con una carne nueva.
Los átomos de esa carne se quieren
porque no se conocen
ni anuncios de yogurt desnatado
ni tampoco los códigos de las tallas de las tiendas de ropa.
A las células de esa carne nunca ha llegado
el eco de la palabra comparación.
Esa carne consiente sus grietas,
los laberintos dejados por el volumen de los fetos,
las respuestas anónimas de la orina,
los excedentes de grasa.
En esa carne no hay virus malvados,
pues es inmune a los espejos.
Y conseguiría perfectas reacciones de síntesis
entre mi cerebro y mis huesos-carne-piel.


NOTAS SOBRE LA ANGUSTIA 3

Tengo mojados estas uvas que son mis pechos.
Tú me los has lamido, tiernamente, en espiral.
Mis pechos manzana parecen yemas:
le desafían al aire antes de reventar.
estas cerezas que son mis pechos han sido mordisqueados:
me has plantado la raíz de semilla de oro en el vientre.


NOTAS BREVES 1

Ayer se me quemó una sábana.
La quemé con la plancha.
Le estampé un triángulo del color pan tostado
por culpa de la televisión.
Siempre tengo encendida la televisión pequeña de la cocina
cuando he de planchar la ropa:
un niñito negro de la guerra
chupaba la teta de su madre muerta.
Se me hizo un nudo en el estómago.

No me olvidaré,
porque la leche me humedeció el sujetador.


Recoge el pálido fluido de mi helada media luna,
el vapor azucarado de mi sexo de platino.
Agarra la curva olvidadiza de mi cintura.
Redondea el triste óvalo de mi pecho perenne,
muele mis pezones amargos con tu boca.
Hasta que los peces voladores sean testigos de nuestra caída,
hasta que tu semen y saliva mezclados se evaporen en mis labios.

Del modo en que haces tuyo
el baile de los delfines o el aroma de los limones en el viento del norte,
también me inventas palabras tartamudas
al renovar nuestros amores en la niebla.
Mi sonrisa viene fácil
en los días en que la fina lluvia azul transparenta la costa.
El terral sopla suavemente en las ventanas de casa.

Te alejaste de mí, te alejaste
pero todavía eres mío en el cuerpo de otros.

En el viaje que traes resumido en las líneas de tus manos,
en las cartas geográficas de mis silencios púrpuras
la resonancia de las ansias gesticula,
la amenaza y estallido de una siempreviva terrible.
No es difícil que te haga caricias
en los días en que las nubes de humo calan la triste isla.
La lacia valeriana golpea suavemente en las rendijas.

Te alejaste de mí, te alejaste
pero todavía eres mío en el cuerpo de otros.


Queriendo ser una mujer de cristal
paseo desnuda las calles vacías cada noche.
Tengo la piel tan transparente como una luna enferma
y los perros se asustan con mi mirada.
El olor de la pregunta que llevo en el cerebro
les cohíbe de aullar.
Y mis valientes pies se quedan dormidos,
cubiertos de polvo de mariposas.
Y no ando hacia ningún lado
pues el vértigo me coge en los brazos.
Y soy parecida a un viejo sueño,
no vivo más que en mí.
La noche me ha elegido como su azucena,
habiendo dicho que sí a mis pechos empapados en leche y vientre.
Quiero ser una mujer de cristal
para que no me vean los que me quieren
y para que me ofrezca el precio de la sangre
quien se atreve a pisotear mi feminidad.

2011 Euskal Idazleen Elkartea
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