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Euskal Idazleen Elkartea

Mª Jose Olaziregi Alustiza > Extractos

Ensayo

2004 | Center for Basque Studies, Reno (Nevada)

(...) Aún sabiendo que toda Literatura crea un diálogo entre lo particular y lo universal, pocos han sido los escritores vascos que han traspasado nuestras fronteras. Durante demasiado tiempo en el panorama literario occidental monocolor y de lógica única, pocos escritores han conseguido hacer oír sus voces. Bernardo Atxaga es, seguramente, de los únicos que en la actualidad puede leerse en 25 idiomas, su libro Obabakoak (1988, publicado en inglés con el mismo título) quería romper esos límites nos proponía una nueva cartografía que quería romper las fronteras geográficas y literarias: "These days nothing can be said to be peculiar to one place or person. The world is everywhere and Euskal Herria is no longer just Euskal Herria but (...) `the place where the world takes the name of Euskal Herrian" . (...) (En estos días nada ni nadie se puede tomarse peculiar de un lugar o persona. El mundo está en todas partes y Euskal Herria no es más que Euskal Herria pero (…) el lugar donde el mundo se llama Euskal Herria )

Para entender este mapa salpicado de la geografía física vasca, los lectores en inglés pueden acudir al libro de Mark Kurlansky The Basque History of the World. En él cita abundantes detalles que pueden resultar llamativos para un extranjero: en el idioma más viejo de Europa, que en euskera, hablamos, en total 700.000; que nuestra tierra no es mayor que 8.218 millas cuadradas, es decir un poco más pequeño que New Hampshire; que ese territorio se reparte entre Francia y España, pero como dice Kurlansky: "Basqueland looks too green to be Spain and too rugged to be France" (p. 18) (La tierra de los vascos parece demasiado verde para ser España y demasiado agreste para ser Francia)... y además de eso, se citan explícitamente diversos sucesos o protagonistas unidos al adjetivo "vasco": la fama de nuestra cocina (en lo referente a la conservación y preparación del bacalao, por ejemplo); nuestro conocido deporte, pelota vasca; nuestro más famoso religioso, Ignacio de Loiola; los excelentes escultores contemporáneos: J. Oteiza y E. Chillida; el Museo Guggenheim de Bilbao... y la interesante reflexión que se hace sobre el terrorismo como el principal problema de 2.4 millones de ciudadanos vascos. Como se recuerda en el libro, el 85% de los artículos publicados en Estados Unidos tienen como argumento principal el problema del terrorismo cuando hablan de Euskal Herria. No puede negarse que esa violenta realidad que condiciona nuestra vida desde la raíz también se reflejará en varios relatos de esta antología (en el poderoso relato de Iban Zaldua titulado Bibliografia, por poner un ejemplo). Puesto que para eso vale, entre otras cosas, la literatura: para exorcizar los demonios individuales y del pueblo. La literatura, es más verdadera que el discurso oficial que asoma tanto en los libros de historia como en los medios de comunicación. Esa meta, la de buscar la verdad, precisamente, la atribuyó E.A. Poe al relato y aceptando eso, en esta antología el lector encontrará algunas verdades vascas. Esas verdades, nuestros miedos, fantasmas, sueños, o como decía André Gide, hablan de las miserias, preguntan por todas ellas.

Y en esta antología los escritores expresan estas cuestiones en euskera, en nuestra lengua que tiene origen pre-indoeuropeo. El euskera le da nombre y ser a nuestro pueblo (cf. "Euskal Herria": "the land of Euskera speakers" (la tierra de los vascoparlantes)), y por eso nos esforzaremos, a pesar de las prohibiciones, a pesar de los problemas, a mantener nuestra lengua durante siglos. A fin de cuentas, como nos recordó G. Steiner, porque creemos que cuando una lengua muere, también lo hace una forma de mirar el mundo. Un modo de mantener nuestra lengua es superar nuestras fronteras y, por medio de las traducciones, es ganar nuevos lectores. Pero las fronteras, en opinión de Claudio Magris, las cuales son un acicate para la creación literaria, son una carga demasiado pesadas para los vascos. Por eso son escasos los escritores que han atestiguado nuestra presencia en el extranjero y, hoy día, gracias a la Radio Televisión Vasca, aunque el euskera puede llegar a 87 millones de casas de Europa o a 3 millones de familias en Estados Unidos, no ha ocurrido lo mismo con el camino recorrido por el libro vasco. Uno de los escritores de esta antología, Harkaitz Cano, parafraseando a W.C. Auden en Letters from Iceland, lo comparaba con la soledad de una isla, la situación de nuestra literatura. Una isla, pues, en la vieja Europa, a menudo visitada gracias a las traducciones de conocidos escritores (hoy día leer en euskera a Joyce, Faulkner, Eliot, Chekhov o Carver es un placer), pero que desde sus costas ha conocido pocas salidas al extranjero. En total, tan solo 60 títulos parecen haber sido traducidos del euskera a otras lenguas internacionales, demasiadas pocas traducciones, sin duda, para un pueblo que ha sido un viajero incansable.

La situación socio-histórica del euskera ha condicionado la evolución tardía de nuestra literatura. Desde que en 1545 se publicó el primer libro en euskera, Linguae Vasconum Primitiae de Bernard Etxepare, apenas fueron 100 los libros publicados hasta 1879. Con la llegada del siglo XX. la literatura vasca ha empezado a abundar y fortalecerse, sólo entonces se logró, siguiendo las metáforas que utiliza B. Atxaga, despertar a los erizos de su letargo. Haciendo un rápido repaso, en el camino de la literatura vasca del siglo XX, encontraríamos a los poetas post-simbolistas Lizardi y Lauaxeta en la década de los treinta; un excelente representante de la poesía social fue el bilbaíno Gabriel Aresti en los 50-60; o los nuevos novelistas de la década de los 60 que renovaron la novela costumbrista vasca surgida al final del siglo XIX (Txillardegi se encontraba entre los seguidores de Sartre y Camus, por un lado, o por otro lado, Ramón Saizarbitoria, que trajo el experimentalismo a la novela vasca). Sin embargo, si en esa trayectoria histórica hay un suceso crucial, es, sin duda alguna, la muerte del dictador Franco, en 1975. Sólo entonces consiguió la literatura vasca realizar las condiciones objetivas necesarias para su desarrollo (el decreto de bilingüismo que elevó la cantidad de lectores potenciales, ayudas oficiales que fortalecieron la red de distribución y editoriales, ayudas económicas que protegieron la producción en euskera...) Hoy día, de los 1500 libros en euskera que se publican cada año, alrededor del 14% son libros de literatura, y entre ellos, la narrativa tiene un protagonismo impresionante, puesto que el 60% de lo que se publica es narrativa. Pero aún siendo eso verdad, en nuestro sistema de literatura la novela es la que ocupa la parte central, entre otros, como ocurre en las literaturas cercanas, porque entre nosotros también, el mercado manda y aceptando esto, porque el género más rentable, la novela, se ha impuesto. (...)

El relato, este género adulto autónomo y su arte, es un nuevo fenómeno en la literatura vasca. Hunik arrats artean A. Lertxundi (1970) ha sido considerado el primer resultado del relato moderno vasco. En él, eran patentes las influencias del realismo mágico de Sudamérica así como las del teatro del absurdo y del relato (García Márquez, Rulfo,..., Kafka, Artaud...). En los años 70 se publicaron otros relatos en euskera o en la novela consiguieron tendencias experimentales que fueron predominantes. De todos modos, es la década de los 80, sin duda, la década de expansión y fortalecimiento del relato vasco moderno. Como en otros pueblos, en el nuestro también, la proliferación de revistas literarias produjo un gran auge del relato, pero también, la situación política a partir de 1975 permitió ayudas económicas, premios literarios, campañas de alfabetización. En 1978 se creó en Bilbao POTT Banda (pott=fracaso) fue, la que abrió los universos literarios del relato vasco contemporáneo. Entre otros, fueron miembros de ella Bernardo Atxaga, Joseba Sarrionandia o Joxemari Iturralde quienes publicaron trabajos que cambiaron el panorama del relato vasco en la década de los 80. Los de la banda POTT miraron hacia la tradición anglosajona (novela policíaca, cine, ficción de aventuras, etc.) y para llegar a esa tradición fueron primordiales la obra de J.L. Borges, el bien universal que se guarda en su biblioteca laberíntica. Narrazioak (1983) de Joseba Sarrionandia y Obabakoak (1988) de Bernardo Atxaga se han considerado los resultados más representativos de la Banda POTT.

Poco a poco, a partir de la década de los 80, la tipología del relato vasco fue enriqueciéndose y de modo similar a lo que sucede en la novela, es ecléctico, en verdad, el panorama actual es realmente ecléctico. Apropiándose de las características que definen la post modernidad, el relato actual vasco, el realismo hecho desde un punto de vista expresionista, fantasía organizada desde el estilo de Cortázar o Borges (también llamada neofantasía), metaficción, relatos del tono lírico que profundizan en el pasado, las historias que nos hablan del absurdo de la vida, la narración de la actualidad que hace suya el minimalismo, la hibridación, hibridación... son predominantes. Pero, sobre todo, la narrativa vasca actual mantiene el deseo de contar historias y aparta el experimentalismo de la década de los 70 y, especialmente entre los escritores de los 90, cada vez es más notorio la influencia que tiene el cine, la música o los medios de comunicación. Concluyendo, se acepta que la realidad es un vidrio roto y que al lector le corresponde organizar los trozos de ese vidrio. Del mismo modo, los híbridos que ponen en tela de juicio los límites del relato piden un nuevo diálogo respecto al lector, sea por medio de las colecciones que proponen nexos de unión entre relatos y estructuras nuevas (ik short story cycle), sea de la mano de las ficciones que están cerca de la crónica o el ensayo. (...)


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