EU | ES | FR | EN
Facebook Twitter Vimeo Youtube
Euskal Idazleen Elkartea

Lutxo Egia del Rio > Extractos

Narrativa

2002 Aviones de papel | Susa

Bravo Spain. Come to Bilbao. Don't expect to find a single museum, here the newest is inside and outside. Bravo España. Venga a Bilbao. No espere encontrar tan solo un museo, aquí lo más nuevo está dentro y fuera). El metro llegó más tarde que de costumbre a la estación de Victoria. Al parecer había obras entre Seven Sisters y Tottenham Hale. La voz de los altavoces no denotaba urgencia. Había obras. Londres entero es una obra.

Hoy es el primer día de invierno. Aunque habían pasado ya unas semanas desde que Londres le había dado la primera bofetada, Galder seguía embrujado por los rascacielos de la ciudad. Más aún, estaba convencido de que no podría escapar nunca. Los pasillos bajo tierra mostraban una hermosa colección de melenas: peinados para ir a cenar, peinados pegados al teléfono móvil, peinados para engañar, peinados sin malicia, peinados para amar en un rincón... Los peinados de las mujeres negras eran los que más le gustaban. Les salía tan caro como al resto de los viajeros pero había un mundo de diferencias entre unos y otros.

- ¿El arte dentro y fuera? ¿¿¿El Guggenheim??? Los afro ingleses lo llevamos sobre la cabeza día y noche.

Art inside y art outside (arte establecido y arte alternativo).

En la calle Warren había una húmeda niebla. En los alrededores de la estación de metro todo eran paraguas negros, paraguas de cuadros, paraguas verdes y rojos, paraguas viejos. Era imposible ver la publicidad colocada en lo alto de los edificios, pues lo paraguas lo tapaban todo. José Urkidi, el viejo soldado de Erandio, Galder se enfadaba un montón cuando le decían que el clima en Bilbao y Londres era parecido.

– Los ingleses y los bancos son iguales. Cuando hace buen tiempo te ofrecen un paraguas y en cambio, cuando hace malo, te lo quitan. Llevan en la sangre la astucia y la traición.

Al lado de la entrada de la estación un quiosco daba noticia de los sucesos acaecidos en el mundo en periódicos idénticos, como si fueran sucesos idénticos. No había mención alguna del dichoso museo. Sin él, en una esquina la lluvia atacaba las llamativas hojas de los periódicos de España. También ellos daban cuantas de sucesos, sucesos españoles idénticos. Mientras leía los titulares, Galder sintió los ojos de un vendedor de periódicos paquistaní en la espalda, como una hacha. No era difícil notar la pólvora que traían las balas de los agujeros del cañón:

- Los españoles y los italianos sois iguales.

Es verdad.

Al paquistaní le resultaba difícil adivinar si el mirón era español o italiano. En Londres todo es lluvia fina, sirimiri, niebla húmeda, rain. El mismo Galder no sabía si era vasco de España o de Italia. La prensa de Euskal Herria no llegaba hasta allí y la de Madrid era cara. "¿Adónde quiere llegar Pujol? No se puede imponer el aprendizaje de una lengua”.

Se reunió en una taberna con la nieta de un famoso periodista inglés de la Guerra Civil. Emma. Las pintas permanecían todavía sin tocar. Era la hora del almuerzo, a deshoras y desordenado. Los clientes parecían estar a gusto. No se decían nada en absoluto. Todos agachaban la cabeza en busca de un trozo de bacón y a todos se les notaba el cansancio de la carretera en sus torpes movimientos. La estación principal de Londres estaba en la acera de enfrente. La mayor parte de los clientes eran viajeros. Galder también era viajero. Viajero mudo o acallado. Español o italiano.

Una chica inglesa elegantemente vestida apareció. Parecía venir del trabajo. Tenía la oficina en la calle Liverpool, y allí una línea diferenciaba los que vestían elegantemente y los que vestían pantalones ajados. La forma de vestir quería dar verosimilitud al encuentro. Lo necesitaba. Emma era la nieta de Benedict Capon. La nieta del cronista más importante de la Guerra Civil. Habiendo sido la de España una de las guerras más crueles del sigo veinte.

Es una mujer hermosa, chica beautiful (guapa).

Le pareció que le estaba haciendo un favor excepcional. Conocía de sobra aquella falsa sonrisa inglesa. La había conocido en las oficinas de trabajo temporal de Londres. Los nuevos avariciosos se ríen de igual modo en cuanto un extranjero entra por la puerta. Es trabajo. Londres es trabajo.

La Margaret Astor entrada en carnes escondía las ganas de irse del bar. También Galder hizo suyo el deseo de marchar de allí. Tras beber un par de capuccinos lamentables, puso sobre la mesa el periódico que estaba leyendo antes de que apareciera la chica. Le parecían demasiado pesadas las ininteligibles palabras en inglés.

– Quiero ir a ver a un amigo – le dijo Emma -. Se llama Fernando.

A Galder se le ocurrieron nuevos propósitos. Reflexionó. Ben Capon y la Guerra Civil le llevaron a Londres. Emma, llevó a sus nietos a aquella taberna. Chica o mujer. Girl o woman. Agradecía francamente que ella hablara en castellano.

El oficial republicano agradeció sinceramente que Capon hablara correctamente en castellano. Tenía la cara apagada. Una cicatriz ennegrecida le atravesaba la frente de izquierda a derecha. Difícilmente se le notaba la cordialidad que quería mostrar. Las palabras inglesas le resultaban ininteligibles.

Iban a pie, subiendo por Tetuán de las Victorias. El oficial confesó que los fascistas, los frailes, los adinerados y los que estaban bajo sospecha sabían, que si se encontraban con las milicias de la CNT, había pocas probabilidades de librarse del paseo. En el mismo Tetuán les daban un tiro en la nuca, en las entradas del matadero de Legazpi, en la Casa de Campo, al lado de la carretera de Maudes, en Chamartín, en Fuencarral, en Villaverde. Ametrallaron a docenas de prisioneros traídos en el tren de la muerte que venía del frente de Córdoba en el Pozo del Tío Raimundo. El enterrador de Vallecas contó 189 cadáveres. No estaba de acuerdo con aquellos asesinatos. Si podía elegir prefería las “Checas”I, pero para ser honesto, tampoco es que aquellos juicios farsa fueran muy fiables. Aunque pareciera mentira, el lugar más seguro para los amigos de los rebeldes era la cárcel. Capon movió la cabeza como para expresar duda. Al oficial le vinieron a la mente los asesinatos de la Modelo. Porlier y las cárceles acondicionadas en Ventas. A los de Ventas parece ser que los fusilaban en Aravaca; el periodista de ABC Ramiro de Maeztu parece que le echó en cara que no sabían por qué les mataban. El oficial lo aceptó de mala gana, pero que anduviera con cuidado con la información. Los fascistas siempre actuaban de un modo más cruel, le tenía que quedar claro.

– No hay donde se coma mejor que en Londres – se atrevió a decir Emma.

Galder consiguió aguantar la risa como pudo. Quería aparentar que tenía buena educación. No sabía con qué motivo había venido. Parecía que Emma se había dado cuenta de que le había parecido una tontería lo que ella acababa de decir. Fuera todo eran paraguas, abrigos, guantes, umbrellas, prisa. Prisa que vista desde la taberna, no tenía sentido. Era inútil intentar huir de la lluvia. Era inútil tratar de contener la risa.

– En el Mesón Bilbao de Londres dan bien de comer, es diferente.

Emma quería mantenerse en las mismas. Todas las guerras tienen sus obsesiones. Del mismo modo, todas las guerras tienen sus hambrunas, sus Urkidis, sus soldados, sus corresponsales extranjeros. El soldado erandiotarra José Urkidi no había oído hablar de Capon. El periodista vivía en el hotel Torrontegi del Arenal. Le dijeron que el Carlton era mejor, por desgracia, se había convertido en la residencia del gobierno de Agirre, tras caer una bomba en la Sociedad Bilbaína. Los periodistas ingleses, en cambio, sabían que en pocos sitios se comía mejor que en Torrontegi. Bilbao tenía hambre y eso en el hotel tenía mejor solución, donde el dinero de los refugiados de derechas de Asturias y Santander y el de los periodistas hacían milagros. Capon sospechaba que en aquel hotel se comería igual de bien después de que Bilbao cayera.

Galder recordó a José. En su opinión, en las celdas de Santoña los bichos comían mejor que los hombres del Batallón Vasco.

– Una vez nosotros comimos bacalao. La guerra estaba recién finalizada. Y los finales traen vencedores y vencidos. Tanto unos como otros comían lo mismo en aquellos días. Pues sí, alguno de nosotros nos negamos a la comida de los vencedores. En vano, pues. En los cementerios y en las prisiones los vencedores y los vencidos no pueden huir unos de otros.

- ¿Santoñññ?

Estaba a la vista que Emma no conocía el pueblo de Cantabria. Según las guerras van acabando las cárceles empiezan a saturarse. Cinco mil novecientos noventa y nueve más José, dijo Galder. Aquello no quería decir que su abuelo no le conociera. Le conoció, pero ligeramente. Capon estaba con Ajuriagerra cuando el barco Seven Seas vino a recoger los soldados rendidos. Según José, que Ajuriagerra volviera de Biarritz probaba que ellos, los nacionalistas, no cometieron ningún tipo de traición. A Emma sólo le debía preguntar por los hechos acaecidos antes de la caída de Bilbao. Y Galder tenía abundantes que preguntar.

- Sí, Santoña.

I Checas: el nombre que se daba a los de la policía política de la República durante la Guerra Civil Española.


2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
eie@idazleak.eus

iametza interaktiboak garatuta