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Kepa Altonaga Sustatxa > Extractos

Ensayo

De cuando leí que Gould había muerto |

He leído esta mañana que Gould ha muerto. No me lo puedo creer. He puesto de nuevo los ojos en la noticia del periódico, pensando que leerlo por segunda vez lo hará más real. Me he enterado de varios detalles: en 1982 le diagnosticaron cáncer, de estómago o algo así, eso ya lo sabíamos-; en esta ocasión nuestro amigo ha muerto por metástasis de un cáncer de pulmón.

Hasta el 5 de abril estuvo dando clase en Harvard, fue cuatro días después de que se le hiciera cirugía cerebral (= brain surgery). Un poco antes, en marzo, presentó su último libro, The Structure of Evolutionary Theory. Ha necesitado veinte años para completar ese grueso trabajo de 1500 hojas. Como expresó en la presentación, pensó, en1982, que no tendría casi ninguna posibilidad de finalizarlo -almost zero chance of finishing it- , cuando los médicos le dijeron que tenía mesotelioma abdominal. Gould ha fallecido en Nueva York, en su apartamento repleto de libros en el Soho.

Al leer algo así no he podido asimilar la muerte de Gould. Tengo muy presente el recuerdo de la corta visita que nos hizo el pasado diciembre. Vi lleno de vida a Gould: agradable, impetuoso, agudo. En aquellos dos días que pasó entre nosotros no le observé aspecto de que estuviera enfermo. Más aún, ni siquiera se le notó señal alguna del dichoso jet-lag de los vuelos transoceánicos. Le vimos pletórico en Eibar. En numerosos momentos nos mostró su pasión y humor, tanto delante de las peticiones de los periodistas, como en la ida y vuelta hasta el Guggenheim, como en la conferencia que impartió con un “improvisado” traductor, o en el brindis que nos propuso al levantar las copas en la cena de Durango: "Que el Pueblo de los Vascos sea lo antes posible uno más entre los pueblos libres del mundo".

El día siguiente día fue emotivo para mí. Estuvimos viendo la cueva de Ekain, de la mano de Jesús Altuna. Pasamos toda la mañana en el interior de ese santuario lleno de caballos y yeguas, y a decir verdad no sé qué me dejó más sorprendido, las series de imágenes dejadas por la mano de nuestros antepasados, o la actitud devota y curiosidad insaciable de Gould. En efecto, no es poca cosa la magia de las pinturas rupestres de la cueva Ekain en el recogimiento de aquel lugar: es una experiencia increíble ver las imágenes de aquellas paredes, haciendo tuyas al mismo tiempo las cumplidas explicaciones de Altuna. Solo la alegría de Gould puede engrandecer la magia de ese instante. Y, de hecho, Gould no cabe en sí de alegría, no puede ser más dichoso, pues las de Ekain son las primeras pinturas rupestres originales que ve. Hasta entonces en las oportunidades que tuvo de ver arte rupestre siempre había tenido réplicas frente a sus ojos. Y todos sabemos –pues lo ha escrito en numerosas ocasiones- hasta dónde valora la autenticidad, qué desagradables se le hacen las experiencias “vicarias”. Como cualquier cosa, difícilmente conseguiré reflejar en estas palabras el fulgor que vivimos en el oscuro interior de Ekain.

Después de comer, nos esperaba el límite K/T(*) de Zumaia. Pero, el tremendo frío que ese mismo día vino de Siberia, retrasó una futura siguiente visita, porque, a pesar de hacer un esfuerzo, el temporal de nieve era exagerado.

Cinco meses más tarde, leemos que Gould ha muerto. Pudiera ser, pero, yo todavía le veo sonriendo.

Los libros de Stephen Jay Gould me gustan desde hace tiempo. Humberto tiene la culpa: él me regaló Desde Darwin en 1986, y tras saborear ese libro, título por título, leí de un tirón todo lo publicado por Gould. Diré más, de ahí en adelante siempre he estado esperando la publicación del próximo libro de Gould. A la espera.

Quizás, Dinosaur in a haystack (1995) sea el favorito de entre todos mis libros de Gould. Para ello la razón no viene tanto en el interior del libro, pues en lo que hace referencia al contenido, se me hace muy costoso decidir el que más me ha gustado en las colecciones de artículos de Gould. Por un par de razones de otro tipo es mi favorito.

Por un lado, el artículo que da nombre al libro, es de algún modo sobre los límites K/T de Zumaia y Biarritz. En ese artículo de Gould, el paleontólogo americano Peter Ward, entre otros, nos ofrece información exhaustiva de los amonnites examinados en dos rincones de nuestra costa, y también, la importancia que tuvo para demostrar que pudo haber sido el impacto de un meteorito gigante el que desencadenó la extinción de los dinosaurios. Leer cosas así me resultó muy placentero mientras tuve el libro en mis manos, pero a la larga me demostró que podía ser el punto de partida para mi proyecto de hacer un libro, y eso, claro, le da mayor valor. Zumaia, en la idea que me ronda la cabeza, es una zona mágica -magical place-, para escribir un ensayo científico y para relacionar la vida del médico Etxepare con la desaparición de los dinosaurios. Claro está, para dedicarte al ensayo que tienes frente a tus ojos.

Lo compré en la librería más carismática de San Francisco, y eso hace a Dinosaur in a haystack algo muy especial para mí. Fue en San Francisco, la última escapada de la corta estancia en América que supuso el fin de mi juventud, y allí conseguí el libro, en la famosa librería City Lights Bookstore. Yendo calle arriba, calle abajo, decidí allí que el marqués merecía que se escribiera un libro entero y no artículos cortos, y que le escribiría. Allí pensé que a partir de entonces debería leer los libros de Gould de otro modo, no solo como un simple lector, sino del modo en que alguien que quiere dedicarse a escribir absorbe del maestro sin igual. Allí se me ocurrió que me gustaría mucho conocer a Gould.

El pasado 1 de diciembre de 2001 se celebró en Eibar el 1er encuentro sobre prosa científica, en el Markeskoa, organizado por la Agrupación de Escritores Vascos. Cuando empezamos a dar forma al programa, discutimos en manos de quién dejar el acto de presentación, y se decidió por unanimidad realizar la invitación a Stephen Jay Gould. A decir verdad no tenía esperanza alguna de que lo fuera a aceptar: cómo va a venir, donde nosotros, a este rincón perdido de la galaxia el ensayista científico más importante del momento, referencia y modelo para cualquiera. Pues, venir, ha venido. Por ese lado, podemos estar contentos, de que el paleontólogo americano se acercara hasta donde nosotros haciendo un hueco en nuestra apretada agenda, y además estando tan reciente el 11 de Septiembre. Verdaderamente es de agradecer la gran cordialidad que manifestó. Esa visita nos mostró otros aspectos del carácter de Gould. Estoy seguro de que la visita de Gould nos anima, leer el trabajo escrito tan amplio y diverso de un autor de gran fama por uno mismo y, por otra parte, sentir el desafío del autor mismo.

Por casualidad he conocido a Stephen Jay Gould de primera mano. Ahora tenemos su autógrafo en sus libros...

Fue una contingencia afortunada para mí. El escritor Stephen King ha tenido una larga relación con él; se despide de él de este modo en el periódico Boston Globe: "I'm glad that my life touched his life and am sorry that his light has gone out". Yo también estoy contento porque mi vida ha tocado su vida, y me apeno de que se haya ido su luz. Ahora los libros de Gould se han transmutado hasta estas mis líneas.

Límite K/T: En Geología se conoce como el límite entre el Cretácico y Terciario.
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