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Juan Ramon Madariaga Abaitua > Extractos

Poesia

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TOMATES MUERTOS

Piensa que hace ya tiempo que su amigo le regaló
una botella grande de aceite de Extremadura.

Piensa que utiliza desde hace tiempo
La misma marca de aceite verde con los tomates.

Cada vez que corta con el cuchillo tomates nuevos,
le viene a la mente la frase, hace tiempo, trozo a trozo.

Hace ya tiempo que no le ve pero el recuerdo
aparece a golpes en las diástoles sincrónicas.

Hace tiempo que se le acabó la botella de aceite abierta,
y no hay gota que se deslice por los tomates.

Piensa que los recuerdos nunca se borrarán,
como el poco de sal que se perderá en el plato.

Pone la botella boca abajo sobre el aceitero,
esforzándose por sacar una última gota.

Esa gota que desde hace tiempo ha de derramarse
no saldrá nunca de la botella.


LOS PROFESORES

Me han dicho que la profesora de francés
Que tuve hace ahora veinte años ha muerto.
la pequeña mujer,
con acento circunflejo en las cejas,
hacía letras con labios redondos,
y convertía la pronunciación especial en sonrisas.
Hoy me ha dicho el profesor de matemáticas
que tanto apreciaba que ha muerto de cáncer.
También me ha dicho que está deprimido.
Je suis désolé dice luego llorando
mi viejo profesor de matemáticas.
Je suis très désolé.


EL FIN DEL COLECTIVO

Los peces rojos están sobre la alfombra
haciendo figuras de las olas en su baile de ahogo.

La tortuga toma el camino del frigorífico,
sin cambiar en su cara la expresión de ignorancia.

El gato sube al tejado y, puesto en el borde,
no quita los ojos del abismo que lo engulle.

El periquito ha cogido la aguja de la abuela
y ha intentado hacerse el harakiri por tercera vez.

Las cucarachas suben a la cocina y
saltan sobre la placa de fuego eléctrico.

Argi, el perro de casa, olisqueando como un fuelle,
sigue hasta el arroyo pasos desconocidos

y a la vigésima quinta vuelta a mordiscos
atrapa su rabo huidizo.

Dios no lo puede soportar más
y se suicida en el cine del barrio.

Señal de que se avecina el fin del mundo,
me dice mi abuelo desde la silla de la entrada de casa.

Yo no tengo otro remedio que creer
que mido mi yugular con la navaja de afeitar.


EL PLÁTANO Y MI ABUELO

Mi abuelo está mirando al plátano mazado.
Es uno de esos que tiene motas marrones grandes.
Está rodeado de mandarinas, de ciruelas.
Mi abuelo lo coge con manos cuidadosas.
Tira eso, abuelo, que está echado a perder.
Todos nos quedamos mirándole
mientras lo pelaba con esas manos cuidadosas
hasta que dijo:
El centro dentro de la putrefacción suele ser dulce.
El plátano, era blanco por dentro,
como la piel del conejo recién despellejado.


LAS RUINAS

La semilla de la que surgiste,
el nombre que tienes cruzado,
la estrada que te han escrito,
la respiración que aguantas,
las palabras que trabajas,
la vida que se ha sentado a tu lado,
la pólvora que te azuza,
las ruinas que te limitan,
el amor que se te ha desangrado,
los besos que se han hecho frágiles,
ahora lo has citado, cuando no hay necesidad,
pues en breve renunciarás a todo.

Y se repite la palabra ruinas
en el engranaje de la boca.


CON GANDIAGA

Tu presencia,
la mayor de las ausencias,
que no va a ningún lado, pero que está ahí,
la luz como la piedra,
la mayor de las luces,
el salvaje oscuro en la oscuridad,
tan silencioso en el interior,
tan violenta en la lejanía,
cuando no lo necesito cruel, marchita, pueblo
cuando lo necesito, piedra caliza, marfil, palabra.

Completamente quieto en mi hoguera,
tan telúrico en el papel,
el bautizo de mi patria,
la tercera dimensión del sintagma,
el salmo que nos reunió a todos,
el único ángel que nunca huye,
el camino que es irreversible,
el residuo de lo que no somos,
el futuro de lo que seremos,
tu presencia.


FRONTERA QUE SE DERRETIRÁ

El olvido no tiene descanso,
ni el silencio cansancio que lo ahogue.

La tristeza no tiene el sabor de la vida,
ni la muerte frontera que la derrita.

Toda la vida para enterrarte,
y el tiempo no tiene ganas de perdonar mi pérdida.


EL AMOR DE LAS BESTIAS

Y así fue.
La cabeza jadeaba.
El mundo de las piernas, el cual describía
qué era el desequilibrio, estaba lejos.
Entendíamos sobre la emoción tanto como Dios.
Aquel era el amor verdadero.

Pero los rinocerontes son más fieles que tú,
los elefantes mucho más sentimentales que tú,
cuando han de abandonar a sus compañeros muertos
pues guardan en esa poderosa memoria
las lágrimas,
la magia eterna de aquellos momentos.
Y eso también es el amor verdadero.


ARRUGAS

Ha visto las arrugas de los labios en el espejo del baño,
las arrugas del pantalón que tiró ayer en la habitación,
y las arrugas pasivas de la cortina,
las arrugas del tomate maduro en la mesa troceado antes de ayer,
las arrugas de los versos sin sentido dejados en el cajón de la mesa de noche,
las arrugas de su vientre dilatado bajo la ducha,
las arrugas de todos los instantes pasados en su memoria
y en la cama, ahora,
Quiroga mira
al cianuro y a las sucias arrugas de tu ausencia.


LA ESTELA DE LOS OTROS

La estela de los otros es lo que buscamos.
No seré yo cuando no me encuentre a mí mismo,
la película que veré la veré
como si estuviera grabada por otro.
Mi vida ha sido demasiada larga hasta ahora
y ya he llegado hasta el punto al que no creía fuera a llegar.
He estado esperando largo tiempo para llegar hasta aquí
y la acumulación de imágenes olvidadas me ahogará.
Ahora escúchame, te lo explicaré:
El olvido es la negación más poderosa de nuestros sentimientos,
y esto no sale en los documentales.


SOLEDAD

Tenías desde hace tiempo un colorido lienzo de Colombia
colgando de ese clavo aislado.
Ya has perdido el lienzo pero el clavo
sigue ahí, metido en la pared,
sediento,
gracias a los circundantes.
Le puedes poner otra obra,
de Klee, de Cezanne, o si no hay nada mejor,
la foto sepia del anciano abuelo.
Está desnudo.
Pero no tienes qué colgar,
qué levantar a esa altura,
qué colgar,
todo está caído desde hace tiempo,
caído en el suelo,
como un mundo exhausto,
y ese clavo, de algún modo,
refrenda tu impotencia,
de un modo firme y trágico.
Lo que está bien colgado en todas las paredes
es la soledad que anda desperdigada en los rincones.
Nada más.


COMO EL ALGODÓN SUCIO

El cielo en Sestao está como el algodón sucio
Hemos tirado las buenas intenciones al agua turbia
y ahora dirán que somos hombres nuevos.
Aresti revisa los cuadernos de cuando tenía cinco años
antes de tirarlo a la papelera.
Animales salvajes hechos con finas líneas
aparecen en la cubierta.
Dentro imperfecciones.
Pobres cálculos de la vida, burlas,
halagos y repudios,
la limpieza le causa dolor,
se siente rama quebrada del árbol.
Esa rama que a punto de caer
quiere estar más cerca del cielo
antes de que se doble.
Átalo de nuevo fuerte.
Él, quien está en contra de la huida,
estaría así pero
el cielo en Sestao está como el algodón sucio.

2011 Euskal Idazleen Elkartea
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