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Euskal Idazleen Elkartea

Joxe "Bikila" Iriarte Zabaleta > Extractos

Narrativa

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El reverso

I. Sé que en esta nuestra sociedad post-industrial los dioses no tienen influencia en nosotros, y hemos convertido a la misma naturaleza en algo tan lejano y escaso, que no parece que estemos en ella; no al menos, como en los mares, las selvas y las montañas míticas de la época del capitán Akab.

Todo es gris en nosotros, sin encanto, pero no sin riesgo. Efectivamente, los humanos hemos demostrado una asombrosa capacidad, en este selva mortal de hierro, cemento y silicio, para convertir los sueños en pesadillas y las luchas en masacres.

Quizás, por eso, el ser humano es humano, en su contrasentido.

Como Akab, como yo mismo.

II. La historia del capitán Akab. Deambuló sin descanso durante años queriendo atrapar a la ballena asesina Moby Dick, de mar en mar, del norte al sur y del este al oeste, para, al final, sumergirse en la nada del agua azul que se ennegrece, enredado con su enemigo.

¿Por qué? (...) no podremos saberlo, el capitán Akab se lo llevó consigo a la tumba. La hipótesis que os voy a explicar en las siguientes páginas, por tanto, no se basan en pruebas racionales fruto de la investigación. Se encaminará por otro lado.

III. Al principio, la pasión por el mar dirigía la vida del capitán Akab. Como muchos otros marineros, estuviera en la situación que estuviese, amaba el mar de verdad. En el mar en calma sin viento, en el tranquilo balanceo de las olas, en el sosiego del alma, sentía su alma feliz; frente a frente con la tormenta, de nuevo, en medio de ser tragado por el remolino de agua, enseñando los dientes al miedo, recobró las fuerzas; en los días luminosos de viento sur, agarrando fuertemente el timón bajo la breada de las velas infladas, le parecía que era capaz de tocar con la mano el horizonte, y entonces se sentía libre y ligero. El miedo que sentía por perderse cuando sentía que se quedaba medio ciego entre la espesa niebla, en cambio, le producía nerviosismo; pero entonces demostraba estar hecho de buena sustancia, con los ojos abiertos de par en par y haciendo frente al sueño y al cansancio, jurándose a sí mismo que llegaría al objetivo costara lo que costara.

¡En cualquier circunstancia, estando en cualquier situación, amaba el mar!

No obstante, casi sin darse cuenta la pasión la pasión por pescar ballenas ocupó el lugar del mar. Aún más, la de la caza. Pues eso era lo de la ballena, caza verdadera (...) Con el tiempo esa afición por la caza se tragó todo lo demás. Se veía más como un cazador que como capitán, y cuando el vigía del palo mayor gritaba ¡ballena!, bajaba junto con los balleneros a las barcas.

Con el timón en la mano, se concentraba en la conducción de la barca. (...) firmemente puesto en la proa de la barca, en el baile de las olas, ¡ras! El estruendo del mar se tragaba, el arpón que lanzaba con todas las fuerzas que le salían de lo más hondo de su alma, a la búsqueda de la carne de la ballena. Posteriormente, la ataba fuertemente a la barca, al sumergirse la ballena en aguas profundas a la espera de la sacudida a la barca cuando la cuerda se tensara.

Tras soportar los embates, soltaría la cuerda metro a metro para aumentar la distancia entre la barca y la ballena, para que al hundirse no arrastrara a la barca, por el cansancio de la carrera o por su muerte, hasta que acabara la huída.

(...)

Cuando se encontró con Moby Dick, en cambio, cambió su vida. La blancura de iceberg del monstruo burló su valentía. ¡También lo vencería! Lo que vio reflejado en sus ojos negros, en cambio, le encogió el alma. El lado más retorcido de su ser, el verdadero carácter del depredador, ¡el reverso del que tratamos de escondernos! En el cual, una vez visto quedamos unidos a ello sin remedio, como la luz a la sombra y el día a la noche.

Algunos opinan que eso es ver al diablo. Yo no creo en el diablo del infierno, pero sí en ese otro que se esconde entre las dobladuras de nuestra naturaleza. Más temible que el txerren (1) de los cuentos. Hablaré de ello más adelante.

Moby Dick se convirtió en un símbolo del odio para el capitán Akab. Dicho en palabras de hoy día, le hizo ver el "alien" que llevaba dentro.

Alien. Inoculado desde fuera o creado en su Interior, poco importa. Pues al unirse a nuestro organismo se convierte en nosotros y finalmente nosotros en ello. Y para acabar con aquello, no nos queda otra que suicidarnos.

No obstante, no se puede acabar de cualquier modo. No vale pegarnos un tiro, o saltar al agua desde el mástil más alto del barco para convertirnos en comida para los tiburones. Hay que escenificar una lucha completa, donde dos contrincantes, chocando uno contra otro, han de suicidarse en plena batalla.

Por eso, dejo escrito, para que alguien lo comprenda cuando yo muera...

IV. He organizado un grupo excelente para poder llevar a cabo esa última acción. Mis amigos creen que será una acción limpia, y que tras acabar con el enemigo lograremos huir. Yo sólo sé que no será así, pues el enemigo es demasiado malvado para que muera de ese modo. Será una masacre, y yo no saldré vivo.

Además, en contra de la opinión de mi amigo, no creo que con esta acción suavicemos la rabia, el dolor y la desesperación de nuestro pueblo. Un hijo de puta menos, pero, la dictadura encontrará inmediatamente otro que ocupe su lugar. Yo, en cambio, conseguiré del modo en que lo he elegido, el descanso que tanto he ansiado en los últimos meses.

¿Cómo he llegado a esta situación?

Desde muy joven he tenido la fuerza para ir más allá. Como la brújula es atraída hacia el Polo Norte a mí me atraen las historias y aventuras de los que superan los límites de la impotencia y ponen en peligro su vida, sobre todo, las basadas en un impuso ético, los que tenían como fin hacer el bien. No me gustaban, y no me gustan, los aventureros que trabajan por el bien de grandes imperios o empresas comerciales.

Por eso, entré en la lucha clandestina contra la tiranía.
Con los años, he estado como pez en el agua en un afán que me resulta tan excitante como agradable. Ya sabéis, como el marino que pasa por aprietos en el barco, nosotros teníamos los nuestros, pero aún en llevando la más dura vida de un topo me sentía libre.

Libre y deseoso. En efecto, en la víspera del día en que íbamos a golpear al enemigo la tensión que te llena el pecho ahuyenta toda preocupación o cansancio, y las ganas de atacar te comen las entrañas. Sobre todo cuando el enemigo es un cruel depredador.
Golpear al enemigo. La primera vez el aturdimiento te supera, y es difícil evitar sentir náuseas ante la sangre derramada. Poco a poco, en cambio, la costumbre te vuelve insensible, y aunque veamos el objetivo de cerca, te parece que está muy lejos, tanto, que no distingues la naturaleza de la persona; se convierte en una simple diana, como les ocurre a los que lanzan bombas o misiles desde muy lejos. De vez en cuando se provocan víctimas inocentes o que nada tienen que ver con el conflicto, y eso te come las entrañas. Al final, te dices a ti mismo: fallos deplorables, pero inevitables. Daños colaterales, víctimas lamentables de toda lucha. La lucha te hace vivir.

En una de estas, te encuentras con tu Moby Dick particular y, de repente todo cambia para ti. El adversario era el principal enemigo, cuando vi en el objetivo de nuestras armas el símbolo supremo de la tiranía me di cuenta de que al capitán Akab le ocurrió lo que le podría haber ocurrido.

Qué matanza. Yo, al igual que mis compañeros, mal herido, pero salí vivo. Del mismo modo que el enemigo principal. Sin embargo, mis heridas fueron muy superficiales comparadas con mi desgarro interior. Pues en aquel momento vi, de pura rabia, que era capaz de hacer cualquier cosa, si estuviera en mi mano, para matar al enemigo ¡Cualquier cosa!

Vi el otro lado, mi lado más oscuro. ¡Eso me asusta!

(...)

Ahora sé, aparte de todo lo demás, que acabar con el enemigo (y no tanto la dictadura que hace posible su existencia) se ha convertido en mi objetivo. Que no cejaré en el empeño, aún teniendo claro que me sumiré junto a él en el negro mar o en el cruel infierno.

Y entonces descansaré. Pues en efecto, estoy cansado, ¡muy cansado!
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