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Joseba Felix Tobar Arbulu > Extractos

Ensayo

Marx, hasiberrientzat (XXI. mendearen hasieran) |

Marx para recién iniciados (al principio del siglo XXI)

¿Hay que volver a Marx? ¿Hay que apartarlo? ¿Está superado? Caso de que volviera, está claro de que no estamos ante una exégesis, pues no hay textos sagrados por ninguna parte. Por tanto, esto no es una exégesis. No puede ser. Querer examinar los textos de Marx como una Biblia sería ir contra la propia postura de Marx. De algún modo hay que ir más allá de Marx, pero hemos de reactivar de nuevo la crítica que Marx tenía con respecto a al economía. Eso es lo que hay que echar en cara a los marxistas de aquí (y de cualquier otro sitio), convertirse en exegetas de sus textos, querer leer os textos de Marx como si fuera una Biblia, convertir el marxismo en una nueva teología, y todos los tipos de teología, como es sabido, no son más que pérdidas de tiempo.

En opinión de Marx, el objetivo de la economía política (El Capital, volumen I) era inventar las bases de las leyes económicas de la sociedad moderna. Para eso, se dedicó en cuerpo y alma, poniendo a la plusvalía en el meollo de la explotación de la clase trabajadora. Pero las épocas, condiciones y el mismo capitalismo que conoció Marx han cambiado completamente. Por tanto, no pudo prever que la fuerza de trabajo no solo sería explotada desde su alquiler sino desde su dinero ahorrado. Este suceso era del todo novedoso, creado con el fenómeno del capital financiero.

La cuestión es que a Marx le corresponde el análisis más sofisticado del capital financiero del siglo XIX (Teoría de la Plusvalía, parte III). En efecto, analizó el desarrollo del capital financiero, viendo que ese desarrollo es ilimitado, según la tasa de interés compuesta. Pero tras analizar todo eso, dejó ese análisis apartado, reivindicando que el capital financiero estaría a merced del capital industrial. Ese desarrollo preocupó mucho más a Marx que a cualquier economista, pero al final creía que el capital financiero tiene un rol de segunda mano, que era una función subordinada. Hoy día los marxistas, en general, no están preocupados por el mundo de las finanzas. Y no encargarse del capital de las finanzas es querer analizar una economía de ficción. De este modo, la ciencia de la economía se ha convertido en ciencia-ficción, un pasatiempo que no tiene ningún tipo de comparación con la realidad. Las teorías, incluido el marxismo ortodoxo, violan la realidad. (No digamos lo que reivindicó aquel: «Si la teoría no coincide con el mundo, mucho peor para el mundo»).

En el sistema en el que vivimos hoy día es la economía financiera la que debe ser investigada; hay que hacer frente a esa nueva situación. El sistema monetario y financiero es autónomo de los medios de producción materiales, y tan fuerte que hunde los medios de producción. Sin industrializar las finanzas, la industria se financia (a un marxista le parece demasiado dura esa nueva situación, peor para él, porque la realidad es testaruda). Peor aún, para que uno pueda entender los flujos de capital y los déficit de la balanza de pagos ha de trabajar para las grandes entidades financieras. En efecto, el funcionamiento del mercado financiero internacional no es nada intuitivo, como nos mostró el economista Hudson.

A continuación algunas citas destacables de alguna de las conferencia impartidas por Michael Hudson al Partido Comunista en Cuba, en el año 2000.

Marx, hace ahora un siglo, se mostró a favor de la globalización, pensando que a medida que avanzara las viejas y atrasadas organizaciones de Asia, Sudamérica, Próximo y Extremo Oriente de Asia, dando la oportunidad de organizarse a la clase trabajadora en clases económicas modernas.

Pero eso no es lo que ocurre hoy en día. La globalización es muy diferente, pues no se repiten las relaciones económicas que están en el núcleo de los países subdesarrollados. Han aparecido nuevos fenómenos. Las grandes multinacionales de la actualidad –y los accionistas y banqueros que están detrás de ellas- buscan la renta y el interés. Esas empresas globales no reciben beneficios de ningún tipo en sus países de origen, sino en algunos lugares especiales: en algunas islas paraísos fiscales, en zonas bancarias transoceánicas. Esto quiere decir lo siguiente, si un país en concreto busca con un inversor extranjero llegar a un acuerdo sobre algún tipo de producto, pudiera ser que no recibiera nada en absoluto. (Aquellas corporaciones globales pagan sus productos como interés a los financieros. Del mismo modo, quieren presentar sus beneficios como gastos de seguridad y otras cargas no productivas). El principal problema es el financiero. La industria mundial está a merced del sector financiero. (En contra de lo que creía Marx, precisamente) Las grandes corporaciones multinacionales no buscan por medio del fenómeno de la plusvalía explotar la clase trabajadora de los pueblos subdesarrollados. Sobre todo la tierra, los recursos naturales (los derechos sobre los monopolios y sobre los yacimientos) y los recursos públicos organizados por los diferentes gobiernos por medio de sus deudas externas (tren- y los sistemas de aviones, el teléfono- y los monopolios de comunicación, televisiones públicas, monopolios de petróleo, gas y energía eléctrica) buscan, comprar a bajo precio, luego quieren privatizar los ahorros de la seguridad social de la fuerza de trabajo, para tener participación en esas corporaciones, por elevar los precios. En una palabra, los inversores globales no quieren que los pueblos subdesarrollados se desarrollen y que se cree nuevo capital por medio del mecanismo de la plusvalía, sino hacerse con el capital ya creado. Para eso, la privatización y globalización van unidas, porque se debe reducir la mano de obra. Las empresas gigantes despiden a sus trabajadores, recortan las plantillas, privando la seguridad social e impulsando la especulación de los mercados bursátiles, no quieren la explotación directa explicada por Marx.

La economía del mundo y su sistema financiero están planificados, no por medio de diferentes gobiernos, sino por medio de ingenierías financieras. Mientras reducen los alquileres, empujan a los trabajadores a poner sus fondos de pensiones y ahorros de la seguridad social en el mercado de la bolsa, estallando la burbuja financiera. Ese proceso global sucede al amparo del FMI, Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial, diciendo a los diferentes gobiernos que han de vender sus ámbitos públicos. Pero, como cita el economista americano, el statu quo financiero es inestable. Por tanto, hay que regular de algún modo el sistema financiero. Frente a todo esto, el economista Hudson ha propuesto una contra-estrategia. En una palabra, y por resumir su larga cita, poner en marcha una renta-impuesto anterior al pago de seguros, intereses y cargas parásitas no productivas, tanto a nivel nacional como internacional. Así mismo, algo parecido a un socialismo de mercado que impulse la inversión productiva, el cual deberá hacer frente al Banco Mundial y al FMI.

Suficiente trabajo teórico en vaguedades y para seguir en teorías de medio pelo que no calen. Unámonos a la nueva tarea. Yendo más allá de Marx, pero con la pasión que tenía Marx para la crítica, el capital financiero es algo a analizar.


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