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Jose Inazio Basterretxea Polo > Extractos

Ensayo

2003 El enemigo invisible | Zerberri

CONTRASENTIDO
dentro con dolor



En el mundo (en los pueblos, territorios, naciones, estados, uniones) hay humanos y sociedades; si se quiere decir en otras palabras: las personas y los grupos. Y tanto los grupos como las personas, cada uno tiene su modo de ser: sus propios sentimientos y motivos; pues se quiere decir, del modo en que las personas tienen su identidad, que los colectivos también son dueños de una serie de características colectivas y que pueden andar como cuerpos autónomos. Por tanto, estamos ante un punto de partida complicado: porque todas las personas no somos iguales, todos los pueblos no somos iguales, y todas las personas de un mismo pueblo no somos iguales. Todos somos iguales, porque somos diferentes.

Hemos leído a Aresti que "Cada uno ve las cosas con sus propios ojos"; por tanto, no puede decirse que alguien sea más que alguien, no al menos si los otros son nadie. Parece que todos somos alguien, sobre todo en nuestra casa. Y al igual que nosotros, los demás también tienen hogar. Sin embargo, todo no es como parece. Y lo que parece fácil, es complicado, difícil. ¿Cómo combinar de modo atractivo los derechos individuales y colectivos, cuando los individuos y los colectivos no se ven o no pueden verse?

Tomando por objetivo la convivencia cómoda entre diferentes, la cuestión hoy y aquí es regular las diferencias que igualan a unos y otros. Parece que se respetan poco los otros. El respeto hacia los otros estará perdido, en general, y es muy doloroso. Pero el respeto se ha perdido sobre todo hacia los pequeños, nosotros y lo nuestro que somos los otros. Habría que recordar el siguiente verso de Basarri; y no sólo a los foráneos, claro está. "Errespetoa gorde zazue, ez jarri bide txarretik, hainbeste irain ez da egin bear, erri baten bizkarretik" (Guardad respeto, no vayáis por el mal camino, no hay que burlarse tanto, de un pueblo). Perdido el respeto: burla e insulto.

Uno de los retos a llevar a cabo por la sociedad moderna es normalizar las diferencias individuales y colectivas, para posibilitar la convivencia; manteniendo esas diferencias, sin aniquilarlas, claro. Hemos de sentirnos cómodos en la diversidad, la sociedad moderna ha de aprender de nuevo a vivir en la distensión; me da que se nos ha olvidado.

De los estereotipos a la intolerancia hay un corto trecho en la comunicación social; en las relaciones individuales, tan sólo un suspiro. "Los medios de comunicación burgueses subrayan la intolerancia de los pueblos pequeños olvidando que: los estados opresores tienen esas nacionalidades minorizadas"1. Me parece que los más intolerantes son los mismos que más hablan haciendo apología de la tolerancia.

Así las cosas, el problema verdadero no es el no poder llevar los diferentes, sino no poder aceptar a los diferentes (todavía más grave esto último). Cuando el poder pide a los pueblos y a las minorías tolerancia, como dice Sarrionandia, "que su invierno no es tan duro de soportar, y se les ordena sufrir con paciencia su servidumbre”.
En el campo de la intolerancia, lo más cruel es el agua bendita. "El mestizaje que se nos predica seguramente quiere decir mucho, nuestro destino ha de ser estar contento con la miseria. Tras provocar tanta destrucción el mestizaje empieza a tratarse como riqueza, como muchos calvarios en la Historia"2.

1Sarrionandia, J., (1988): Marginalia, Elkar, Donostia.
1Azurmendi, J., (2003): "Irakurketari jarraituz gogoetan" in Aiestaran, I., Munstro abertzalea, Elkar, Donostia.
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