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Jose Antonio Arana Martija > Extractos

Ensayo

Planta de Orbelaun Árbol en Arantzazu |

Nueve de septiembre. Excursión al caserío Orbelaun de Mendata. Día de la Virgen de Begoña. Dos lugares que marcaron la vida del franciscano y poeta, reunidas en la misma fecha. En ambas recordaremos que la tierna planta de Orbelaun se convirtió en un fuerte árbol en Aranzazu.

Es muy poco lo que se puede decir de la biografía física de Gandiaga, pues es un ser corriente en ese aspecto. Por el contrario, de los frutos de su espíritu y de la vida de su alma se ha dicho y escrito mucho, pues este es un ámbito prolífico, fértil y abundante. Si hacemos como decía en 1987 el semanal Hemen, "Gandiaga o el strip-teasse poético del alma", necesitaríamos libros e investigaciones para conocer los sentimientos de su interior que quería tener en silencio, como él dijo "este (mi silencio) tiene miedo a las palabras". Como sabemos, no le gustaba hablar delante de la gente.

De lo que corresponde a la biografía física decir brevemente que nació en el caserío Orbelaun de Mendata el 8 de octubre de 1928. poco sabemos de su niñez, aparte de lo que él nos cuenta en la revista Hegats (1997). Aunque su lugar de nacimiento era Mendata, adoptó Santo Tomas de Arratzu como su parroquia, porque estaba más cerca del caserío. Realizó sus primeros estudios en Nabarniz, viviendo en casa de un tío suyo, en los largos periodos que su madre Anastasia estaba enferma. Recuerda Bitoriano que su madre le enseñó el uso del verbo correctamente, ya que hacía mal las conjugaciones verbales, diciendo cosas incorrectas. 'Ikusi dot' le decía su madre. Al parecer también iba a Aulesti a hacer las compras. Y de este ambiente, el joven que era casi vascófono monolingüe, fue al convento de Aránzazu en 1940, y de allí a Foru, Zarautz y Erriberri, donde en 1949 escribió su primer artículo en la revista Gure izarra. Habiendo finalizado los estudios de Teología en Aránzazu, dio su primera misa en Arratzu el 19 de septiembre de 1954. En una fecha rellenada por él confiesa lo siguiente: que la 'Irakasletza' (enseñanza) fue en adelante su cometido en el colegio de los frailes de Aránzazu. La única excursión que realizó fuera de Euskal Herria fue la que hizo a Madrid para hacer un curso de Teología. De ahí viene el libro Uda batez Madrilen (1977).

Para entonces había ganado premios de poesía. Se ordenó sacerdote el mismo año, concretamente en 1954, ganó un premio de poesía en Zarautz con el poema "Begion lore”; nada menos que en la localidad donde Lizardi produjo su trabajo poético.

Luego vendrá su primer poemario Elorri (1962), el cual recibió el premio José Antonio Agirre, y dos años más tarde el premio Olerti. Publicó varios trabajos en varias revistas como Euzko Gogoa, Aránzazu, Egan, Euskera u Olerti. Los sentimientos e imaginación derramados en el papel parecían latidos del alma.

El miembro de la Academia de la Lengua Vasca Antonio Arrue, tras leer Elorri, citaba estos cuatro poetas vascos (Euskera, 1963-64): Iratzeder, Mirande, Gandiaga y Aresti, los tres últimos ya fallecidos. Gandiaga fue nombrado miembro auxiliar de la Academia a propuesta de Aresti el 30 de octubre de 1964. Fue propuesto para ocupar la vacante del miembro de la Academia Eusebio Erkiaga pero el elegido el 30 de septiembre de 1993 fue Xabier Kintana. Gandiaga aceptó la proposición, pero mostrando la gran humildad que llevaba en su interior, dijo humildemente lo siguiente: "Todos tenemos momentos livianos y dije que sí". Pero no pudo negarse al nombramiento de miembro de honor de la Academia: esto ocurrió el 27 de octubre de 2000. Si para Gandiaga ese nombramiento era un honor, para Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca) no era menor el honor de tener en su parnaso un escritor excelente. Anteriormente ya había recibido otros premios varios, entre otros, en 1998 la pluma de oro en la Feria del Libro de Bilbao.

Las palabras, las onomatopeyas y los juegos con las palabras tienen una gran importancia en la poesía de Gandiaga. Según lo que dice Mitxelena, Gandiaga no busca la sonoridad, sino la música silenciosa. Y la naturaleza silenciosa le da esa poesía del silencio. "El viento viene lleno de cuentos" dijo una vez, y por eso "a menudo hablo a solas". Y cuando se pregunta qué es la literatura, la respuesta sale de su mente: "La habilidad de manejar la palabra según el tema”. Es decir: jugar con las palabras, como hace el aire con la hojarasca, manejarlas al gusto de cada uno. Otra virtud de Gandiaga es la amplio uso de adjetivos, lo que se nos hizo saber en la tesis de Juan Otaegi (1994). Mikel Lasa nos dejó escrito lo siguiente: "Oteiza convertía las piedras en imágenes, Gandiaga convertía las palabras en imágenes". Jugar con las palabras sin ningún tipo de reparo. ¿Para Oteiza uno de los catorce apóstoles era Gandiaga? ¿O le viene a Gandiaga el silencio del vacío de los huecos de los apóstoles de Oteiza?

He citado a Jorge Oteiza, la editorial Gero publicó en 1974 Hiru gizon bakarka (Tres hombres solos) (1974) en la que se incluían ilustraciones del escultor. En este libro Gandiaga incluyó referencias políticas que no gustaron al juez quien le llamó para pedirle explicaciones. Así le respondió Gandiaga a sus preguntas: "Yo soy un árbol”.

Me ha tocado nacer aquí, aquí tengo mis raíces, vivo gracias a este paisaje. Lo que aquí me ocurre, eso es lo que escribo". Parecía la respuesta de un loco, pero Gandiaga sabía qué es el árbol que está enraizado en la tierra, pues cada año solía plantar unos 50 árboles alrededor de Aránzazu. Pero tras padecer su paso ante el juez, no se retractó de lo dicho en el libro: "Al escribir las dudas que tuve permanecen vivas"

Y permanecieron vivas mientras él lo hizo. A pesar de la decisión de que el euskera debería ser utilizado en los oficios eclesiales de cara al público, se conformó en 1970 un capítulo de la asamblea en el que los frailes podían decidir utilizar el castellano o el euskera en la liturgia interina del convento. Decidieron utilizar el castellano “en nombre de la caridad” porque había frailes no vascófonos en el convento. Gandiaga no pudo salir de su camino y como parecía que el euskera también necesitaba de caridad, cantaba los salmos en euskera apartado del grupo, no en el coro, como los otros, sino bajo él. Ahí había un hombre en soledad, en los salmos bajo el coro.

Hemos mencionado el silencio anteriormente, Palabras y silencio: "Este mi silencio lo reflejaré en palabras" y así lo hace en el libro Denbora galdu arte (1985):

Pero siento
que este silencio muera sin ser expresado
sin nadie que lo conozca y
sin que reciba
ayuda de nadie.



El cuerpo de Bitoriano quedó inerte el 21 de febrero de 2001. Las campanas de Aránzazu rasgaron el silencio. Y nos llegó la llamada del silencio. Los poemas estaban en silencio; empezaron a iluminar nuestro pequeño cielo y la grandeza de Dios. El tañido de la campana en febrero, en el frío mes del lobo. Gandiaga nos dejó y abrió los ojos en el más allá, extendiéndose poemas no escritos en ese cielo sobre nosotros. Había escrito así:

No veo
más allá
de lo que ven mis ojos.
pero cuando he ido más allá
veo más allá
y más allá veo
cuanto más allá voy.


Esto es lo que él escribió para la posteridad:

Voy a la muerte de cabeza
aunque quisiera no podría volver atrás



De los hombres que he conocido, Gandiaga fue el único que tenía una sonrisa seria. Hablando con hombres o pájaros siempre la sonrisa en el rostro; en su interior, siempre seriedad en su poesía, bien cimentada y de sentimiento enraizado. No puedo más que leer lo que escribió Juan Mari Lekuona: "Los poetas pueden ser buenos, muy buenos o Gandiaga".
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