EU | ES | FR | EN
Facebook Twitter Vimeo Youtube
Euskal Idazleen Elkartea

Jasone Osoro Igartua > Extractos

Narrativa

2003 Greta | Elkar

Qué simples son los hombres. Y qué fácil es la vida estando en su pellejo. Olvidan fácilmente. Rehacen fácilmente su vida. Se enamoran fácilmente. Coger, reunir y utilizar la energía que los demás me dan. Así es pues el mundo de los hombres. Circular, que empieza y acaba, y vuelve a empezar, inmediatamente. El nuestro no, la vida de las mujeres es lineal. Y cuando la línea se acaba viene el precipicio. El vértigo. Te dicen que qué guapa estás como si nada hubiera ocurrido. Son más superficiales que nosotras. ¡Que les vaya bonito a los hombres! Ya quisiera yo su superficie y no mi esencia. Una esencia seca que me agujerea el vientre, una grasa, pesada, sucia, que se acumula en mi corazón, y una esponja que se crea en la memoria, la cual me dice que el pasado nunca desaparecerá. Las mujeres parecemos ser profundas. Sensibles. Esas son nuestras virtudes. ¡A la porra la sensibilidad! Yo quiero ser como los hombres. Vivir. Sin pensar en nada más. Sin hacer caso a las consecuencias. Sentir, sin riesgo de sentir demasiado. Recibir, aunque yo no de nada, con miedo, terror de volver a subir a la línea. Con alergia al amor. Han pasado dos años en su memoria. Cuatro años en mi jaula.

La abuela salió del camión, detrás el conductor y entre ambos bajaron un objeto que hasta entonces sólo había visto en las revistas: ¡un maniquí! La gente se quedó de piedra, ¡Oh! ¡Ah! Todos quisieron acercarse, todos querían saber cómo era un maniquí, de qué material estaba hecho, si olía a algo... Pero, como de costumbre, la abuela saludó al conductor y sin hacer caso a nadie metió el maniquí a la tienda. Los paisanos, en cambio, no se movieron. Yo no sabía qué hacer pero entonces la abuela salió y dijo mi nombre.

- Óscar, ven cariño.

Entré orgulloso a la tienda, ¡qué privilegio el mío! Por primera vez tenía un maniquí frente a mí. Era bonito, parecido a una mujer real, esbelta. Estaba desnuda y sentí vergüenza, no sé, nunca había visto el cuerpo de una mujer. Entonces la abuela, le puso al maniquí unos pantalones de mujer puestos a la venta. Luego le puso el sujetador. Una peluca rubia en la cabeza, y zapatos negros que tenían el tacón más alto. Le pintó los labios con carmín rojo y le puso un cigarro en la mano. Finalmente, le puso el abrigo verde que mi abuela tanto quería. Frente a mis ojos, aquella muñeca de plástico tomó la forma de una mujer de carne y hueso. Y sentí por primera vez que me enamoraba. La abuela cogió de los brazos al maniquí y, siendo observada por docenas de ojos, la acercó al escaparate. Ahí mismo, la colocó en el mismo centro. Sentada en un taburete. Los labios de la gente habían enmudecido, sólo miraban. Miraban y se sorprendían. Comunicaban por medio de los ojos las palabras que no podían salir de la garganta. En una de estas Segundo, el acomodador de la sala de cine dijo: ¡Parece una estrella de cine! ¡Es Greta Garbo!

Él la había bautizado. Desde entonces, fue Greta. Nuestra Greta. Mi Greta.

2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
eie@idazleak.eus

iametza interaktiboak garatuta