EU | ES | FR | EN
Facebook Twitter Vimeo Youtube
Euskal Idazleen Elkartea

Gurutz Ansola Larrañaga > Extractos

Ensayo

La Crisis y el Futuro del Estado de Bienestar |

1- INTRODUCCIÓN

Tras la Segunda Guerra Mundial, política y en el ámbito social, un amplio acuerdo se extendió por toda Europa y, al amparo de ese acuerdo, en los años de las décadas de los cincuenta y sesenta, se llevó a cabo un avance constante en políticas sociales. Posteriormente, sin embargo, al principio de los años setenta, se creó y extendió un vivo debate, sobre la crisis del Estado del Bienestar y la necesidad de cambiarlo.

Desde que se creó el término "Estado del Bienestar" hasta ahora, ha tenido muchos significados y diferentes ámbitos desde hace treinta años a la actualidad. La definición que utilizamos ha merecido una amplia acogida y se basa en lo siguiente y reside en lo siguiente: al referirnos al Estado del Bienestar, el poder político se utiliza de un modo deliberado, para conseguir transformar de los resultados del mercado en las siguientes tres direcciones:

En primer lugar, garantizando una renta mínima a toda persona y familia.

En segundo lugar, ofreciendo ayuda a personas y familias que se hayan visto desamparadas por ciertas circunstancias (enfermedad, desempleo, vejez).

En tercer lugar, ofreciendo de la mejor manera posible, algunos servicios o bienes preferenciales (o sea, educación, salud, vivienda) sea cual sea su status o clase social.

El Estado tiene responsabilidad ante todas estas prestaciones, pues se engloban dentro los derechos sociales, y no, solamente dentro de las prestaciones de los organismos de caridad.

Especificando en qué ámbitos se engloban las responsabilidades del Estado del Bienestar, es posible hacer un análisis correcto sobre cómo las políticas sociales han sido desarrolladas en las últimas décadas. Por tanto, incluimos las siguientes actividades dentro del ámbito del Estado del Bienestar: por un lado, asistencia económica a sectores tales como desempleados, inválidos, enfermos o ancianos; por el otro, por el contrario, extender la educación y la salud a toda la sociedad ya que ambos son los dos activos más valiosos.

2- DESARROLLO DEL ESTADO DE BIENESTAR EN LA POSGUERRA

Hacia el final del siglo XIX, Bismarck inició el camino, dando algunos pasos en el ámbito de la seguridad social. Efectivamente, el sistema de seguridad social de Bismarck tenía extensión nacional, era obligatorio y estaba financiado por los trabajadores, empresarios y el Estado. Posteriormente, hasta los años veinte de este siglo, se multiplicaron todo tipo de seguros en Europa, tanto voluntarios como obligatorios, contra accidentes, por enfermedad, por vejez, por categorías de clase trabajadora etcétera. En ese tiempo, del mismo modo, también se crearon algunos seguros contra el desempleo. Y también se dio un nuevo paso adelante, convirtiendo en obligatorios varios seguros.

Estos comienzos y avances abrieron el camino, para las posteriores políticas llevadas a cabo en las décadas de los treinta y cuarenta.

En la década de los treinta, los socialdemócratas ostentaban el poder en Alemania y Suecia. Fueron los años del frente popular en Francia. En España, en cambio, la República (1931-36). Era un ambiente propicio, para desarrollar numerosos proyectos en el ámbito de los seguros sociales, como así ocurrió,

En el apogeo de la Guerra Mundial, en el año 1942, el informe de Beveridge estableció el que será el eje definitivo en la política social de Gran Bretaña. Estableció las bases de una nueva seguridad social. Se garantizaban unos mínimos ingresos para todos los ciudadanos, no solo para los que trabajaban en una empresa. Se quería eliminar la pobreza por medio de un ingreso mínimo, pero, de paso, esa garantía no se quiso convertir en una excusa para rehuir del trabajo y el ahorro.

Además, el sistema de salud creó un sistema de seguros. Y fue creada para que llegara a todos los ciudadanos, siendo gratuita para toda la nación.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la propagación del Estado del Bienestar parecía imparable. Las transferencias sociales, según la B.P.G., se doblaron, en el periodo 1950-75, en cinco estados europeos (Dinamarca, Suecia, Noruega, Italia, Holanda) y seguidos de cerca venían Francia, Reino Unido, Bélgica y Suiza. Por tanto, en estos veinticinco años, las transferencias sociales crecieron o aumentaron más rápidamente que la GPD y todo el gasto público.

Si el Estado del Bienestar se extendió sin pausa, fue por lo siguiente, por el acuerdo que se logró en lo concerniente a la política social entre las principales fuerzas políticas, tanto entre los liberales como socialdemócratas. Porque tanto unos como otros, trataron el Estado del Bienestar como una política estratégica que podría acarrear grandes beneficios sociales, no solo por el lado del crecimiento económico, sino también para mantener el sistema democrático e incluso profundizar en la justicia social.

2.1- ESTADO DEL BIENESTAR Y ECONOMÍA DE MERCADO

Como es bien sabido Las bases principales para que el estado interviniera en la economía de mercado, tanto analíticos como normativos, los aportó el pensamiento de Keynes. Keynes, rechazó algunos pilares del pensamiento clásico. Rechazaba la Ley de Say, según la cual la oferta agregada tenía la capacidad de crear su propia oferta. Según Keynes, en la economía del siglo XX esa máxima no se cumple. Y tampoco aceptaba que el mercado, cuando surge un desequilibrio, tuviera la capacidad de autorregularse por sí mismo, debido a la variación de los precios. En opinión de Keynes, las cantidades se mueven más rápidamente y con mayor facilidad que los precios, ante una perturbación.

Según el pensamiento clásico, la economía de mercado tiene el poder y la virtud de crear estabilidad y equilibrio por sí mismo y es un sistema que trae consigo el pleno empleo. Keynes, sin embargo, defendía la tesis contraria. La economía de mercado sin cortapisas, a menudo, soporta un desequilibrio insuperable. Y podría durar, en una situación “equilibrada”, sin que se alcanzara el pleno empleo. Es decir, con desempleo, en una situación de crisis que el mercado no pueda redirigir por sus propios medios y automáticamente. La economía capitalista-liberal, a menudo, ha de soportar largas crisis. Y en opinión de Keynes, una de las raíces principales de estas crisis es la siguiente, que las inversiones de las empresas muy variables, que tienen grandes altibajos. Por tanto, la consecuencia que acarrea es imprescindible: si se quieren suavizar los altibajos de la economía, el Estado ha de intervenir de algún modo en la vida de la economía. El lema "Laissez faire", es decir, "Deja hacer", no es Keynesiano.

En opinión de Keynes, los costes del dinero y del capital tienen influencia en la inversión productiva. Pero también muchos otros factores. Especialmente, la demanda y posibilidades futuras. Por eso, el estado ha de mantener el nivel de inversión, esforzándose desde el punto de vista de los bienes y servicios. Aplicando políticas fiscales activas en las recesiones económicas. Los desequilibrios en los presupuestos, por poner un ejemplo, un déficit mesurado, puede acarrear una influencia provechosa. El déficit, podría mantener la recesión; el superávit, por el contrario, puede frenar un crecimiento excesivo y puede suavizar la variación de la inflación.

Tras Keynes, se realizó la síntesis neoclásica, en el ámbito académico, y economía compuesta, o sea, una mezcla de sector privado y público, muchos economistas famosos intentaron construir una estructura interna estable. Así, el pensamiento de esos teóricos, abrió un amplio campo para entender y practicar la economía política. Precisamente, para que ideologías e intereses diferentes, se entendieran de modo pragmático y se adaptaran mutuamente.

Los liberales y conservadores no ven con malos ojos que el Estado intervenga, pero respetando el juego libre del mercado, si corregía los fallos del mercado y fortalecía la eficacia de la economía. Además, desde el punto de vista de los liberales y los conservadores, la acción del Estado y, especialmente, la política para el bien de la sociedad, habría traído de por sí estabilidad económica.

Para los socialdemócratas, por otra tarde, por medio de políticas fiscales y sociales, y especialmente por medio del reparto de la renta y la riqueza, se lograrían los objetivos contra las desigualdades y a favor de la justicia.

A decir verdad, en el periodo de aquellos “Treinta años de prosperidad” tras la guerra, hubo un impetuoso crecimiento económico, la riqueza aumentó para ser repartida en occidente, y los frutos del crecimiento se pudieron repartir sin que surgieran graves conflictos. Esa era la atmósfera que se respiraba, la de una época en la que se alcanzó el consenso entre liberales y socialdemócratas.

Pioneros en aplicar las políticas de Keynes, en Europa fueron, Gran Bretaña, Francia, Suecia y Noruega. Aquí se fijaron las bases y columnas, para poder construir rápidamente el Estado del Bienestar en los siguientes veinte años, en las décadas de los cincuenta y sesenta.
2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
eie@idazleak.eus

iametza interaktiboak garatuta