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Euskal Idazleen Elkartea

Felipe Juaristi Galdos > Extractos

Poesia

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AUSCHWITZ

Ha cesado la lluvia.
El aire se serena.
La tierra empieza a respirar.
Tiemblan las acacias,
Sus ramas golpean el cielo.
Canta una cigarra,
Protegida entre las hojas del manzano.
Abro la ventana
Que da al cementerio.
Llega olor a quemado,
Huesos y cabellos calcinados
Han empapado el ambiente.
Me viene Auschwitz a la memoria,
En cualquier día
Después de la lluvia.


DOLOR

1
Más allá del dolor, un dolor nuevo.
El Finisterre de los dolores.

2
Mal vive quien siempre comienza a vivir,
Y persigue quimeras creyéndolas verdades,
Hace estragos en el presente y deja huella en el pasado.
Sinceramente está dispuesto a dar lo que no tiene.
Traza imaginarias líneas que siempre cruza
Anda tras su aliento, y éste tras un aire,
Que lo empuja de aquí para allá, y nunca
Está conforme, ni cuando reposa en paz.
En guerra consigo mismo siempre,
Su corazón es víctima de su propio dolor,
Y tan desfigurada tiene la mente
Que a ese ensueño llama amor o deleite.
A quien en la tierra no conoce cielo,
A quien salta sala de infierno a infierno,
Apenas le turba la idea de la muerte.
La última hora será como la primera. Pasará fugaz, leve y sola

DOS

A veces, las dos lenguas
se me quedan enredadas en la garganta,

Como si fueran dos espadas de metal.

MUJER

1
Cielo de cristal,
Dos veces han de romperte:
El martillo de la pasión, primero;
Después, la indiferencia.

2
Amamos a las mujeres.
Mujeres ciegas que hacen el amor de oídas,
Mujeres insecticidas que al despertarse por la mañana
Matan moscas con su aliento,
Mujeres vampiro que beben nuestra sangre como si fuera vino,
Mujeres elegantes que saben guardar su sombra en un armario,
Mujeres pálidas que aún en frío queman,
Como si fuese nieve,
Mujeres ligeras que sueñan con caballos,
Y huyen a la mañana siguiente,
Mujeres parlanchinas que hablan con Dios por teléfono,
Sabiendo que es sordo,
Mujeres salvajes que en el lugar de los pechos
Han plantado un árbol, o dos, o tres,
Mujeres cambiantes que se visten de noche y se desnudan de día
Mujeres embriagadoras que sólo estando locas
Guardan el sentido,
Mujeres brillantes que encierran gatos en sus ojos
Mujeres liliputienses que saben nadar,
Y se ahogan en botellas verdes,
Mujeres horizonte sin principio ni final.
No hay mujer que no amemos

OPTIMISMO

Tomar un ascensor y esperar que llegue al cielo,
Soñar que no hay amores imposibles,
Creer que la suerte tiene dos caras, como una moneda,
Si la montaña no va a Mahoma,
Decir que Mahoma irá a la montaña,
Pensar que uno es el eje del Universo,
Comentar que el servicio militar forja hombres
Y la cárcel hace doctores,
Estar convencido de que la fe mueve ríos,
Preguntar si son los peces más felices que nosotros,
Por eso de que viene en el mar,
Convertir a Robinson Crusoe en el patrón de los solitarios,
Buscar en esta ciudad un tranvía llamado Deseo,
Quedarse sentado a la puerta y esperar que pase por delante el
Enemigo,
Confiar en que se devuelvan los libros prestados a los amigos.

TERROR

Y el sol se oscureció
cuando tocaron las campanas
en medio de la tarde.

VIENTO

Pierde muchas veces al ser humano
El deseo de ser diferente.
Al viento no le otorgamos su valor,
Siempre va buscando lo que no es suyo.
Un tierno suspiro es suficiente
Para abatir muros de piedra,
Para allanar los montes más altos,
Para desbordar los ríos mansos,
Manda y nosotros acatamos.
Habla cuando estamos mudos,
Nos adorna los ojos de nubes,
Para que veamos las brumas de la verdad.
Es inútil esconderse,
Inútil tratar de huir.
Nos dice cara a cara
Que somos lo que siempre hemos sido.
El aire es ilusión.
También se lo lleva el viento.



REMBRANDT EN UNA VENTANA DE AMSTERDAM

REMBRANDT quiere pintar el infinito
traer el infinito a los ojos
a los dedos a los oídos
a los alientos
fuerte blanco profundo
el infinito
mira por la ventana
una mujer pasa elegante
todavía joven agua fuego
Rembrandt cree que es nieve
no hay palomas en el cielo las nubes cubren la ciudad
el blanco fugaz es la felicidad
pasa un hombre entrado en años
un carro o algo así transporta el cansancio
tiempo tiempo tiempo
Rembrandt cree que es la noche
lluvia negra mar negro parte posterior de la ciudad negra
muerte muerte muerte
pasa un grupo de soldados
ronda alegre ruidosa diaria
un bosque todos los colores amplio
los pájaros mostrando orgullosos su plumaje
les mira tras de los cristales
pero ya se han ido en silencio
caballero polaco peatón español ligeros
son crueles los ojos de los soldados
duros sin brillo
rápido rápido rápido
siempre tras el infinito
Rembrandt no puede cerrar la ventana
antes de que pase la vida
chicos y chicas jugando
herejes al puerto nuevo atados con cadenas hacia el exilio
mujeres adineradas hablan aman a Dios
los burgueses hacia la Bolsa aman la geografía del este
Spinoza Spinoza Spinoza
geómetra de los sentimientos esteta de los anhelos
midiendo el infinito con pasos dubitativos
quiere pintar quiere poseer
quiere traer el infinito a la luz
pero su pintor no aparece más que la imagen
la cara del infinito
tiene los ojos pequeños.

HOMENAJE A LA LUZ

Es la luz y se multiplica
en su eternidad.
Respira
por medio de la piedra, por medio del hierro,
por medio del agua;
canta
desde un doloroso cielo azul
mirando a su ser
como el pájaro inmóvil que vive.

La luz expande sus vapores femeninos,
así como los ríos su agua
al interior de valles y arroyos,
al interior de llanuras y campos:
la luz tiene olor a viejo,
del jardín prohibido.

El cielo y la tierra se dan
se dan un abrazo de luz,
beso de luz sobre una cama de rosa,
en el horizonte;
cielo y tierra
el cielo azul y la tierra gris
se convierten en amantes
al amanecer,
al hacerse uno
la luz y la sombra,
al unirse
todos los colores
y convertirse en uno.

La luz ha florecido
en su eternidad,
muestra los pétalos de colores de las flores,
desde el blanco puro
hasta el azul más limpio;
reparte los colores en las sombras,
las deja colgando,
abandonadas,
las flores de colores,
yendo de arriba abajo,
marchitándose en la luz.

La luz está jugando,
entra y sale sin sentir,
entra en la oscuridad más abierta,
sale de la luminosidad más profunda
hecha espacio,
que se va llenando y vaciando
con su carácter de luz;
transita hecha tiempo
por entre los anillos de colores,
por entre los valles de agua,
en una escultura,
brillo de día
en el pez detenido
que oscurece de noche,
entre las manos y los ojos
que quieren colocar.

Las manos del imaginero descansan,
sus ojos tranquilos y dulces descansan,
sobre la luz,
en paz.

Todo en la vida es vuelo,
concierto de plumas en el bosque
cerrado;
sangre, huesos, agua, carne,
a través del aire suave y húmedo;
agujas de luz
que traspasan la piel espesa de la noche,
regocijo de estrellas pacientes y traviesas;
ir y venir delicado de nubes,
como si no quisieran importunar;
rumor de aguas salvajes,
que ignoran el sabor del exilio;
insomnio, locura, dolor, sombra,
que ignoran el valor del tiempo detenido,
preso en su espejo de fuego,
que ignoran el peso liviano del invierno,
transporte de soledades y silencio.
El ave agita el aire,
como el amante la cortina
que lo se separa del lecho.
Todo en la vida es aproximación.
Y también despedida y duelo.

QUIERE REMBRANDT PINTAR EL INFINITO

La ciudad parece que flota
sobre un mar de niebla.
La calle está sucia y cubierta de basura,
del muelle cercano llega
olor a arenque podrido,
a algas oscuras,
a madera húmeda,
a óxido y a orín.
Marineros vagabundean
y juegan su primogenitura a una carta,
la más alta de todas,
más que mástiles y torres,
más que picas y lanzas.
Huele a alcohol, a especias,
a lejanía, a extrañeza;
a mares olvidados,
a tierras abandonadas de prisa,
dejando la muerte como recuerdo;
huele a barcos desguazados
y comidos por la sal
y pequeños animales marinos.
El sol sale y se esconde,
no alumbra la ciudad
oscura, gris y sudorosa,
rodeada de agua sucia,
de hambre sucia, de fe su
Rembrandt mira y sólo ve exilio,
tiempo sin tiempo,
tiempo de penumbra,
que acecha y ataca,
tiempo de la memoria
que hiere y mata,
tiempo infinito,
tiempo cruel y baldío.
El infinito es un color
que se pierde
en la monotonía sucia
de la ciudad amada.
2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
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