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Edu Zelaieta Anta > Extractos

Poesia

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HISTORIA DEL LÍBANO

Llegó a Tarabulous al anochecer.
Los lugareños le preguntaban una y otra vez si era de Australia.
Y el forastero les explicaba una y otra vez:
"La misma agua salada que vosotros veis la tenemos en nuestro pueblo.
También nos enviamos olas desde los lados del mar".

La gente empezaba a refunfuñar entonces.
Los viejos no creían de ningún modo
que aquellos rostros tan diferentes pudieran limpiarse con el mismo agua.
"Mi casa está donde acaba vuestro mar"

El forastero volvió a casa, al otro lado del Mediterráneo.
los viejos de Tarabulous parece que todavía les recuerdan
a aquel curioso muchacho que antaño vino de fuera.
Al anochecer se ponen en la playa mirando hacia Australia
en honor suyo.

ASESINO DIFUMINADO

No notarás la posición para disparar
ni verás la navaja en la mano.
No está a la vista.
Guardado entre las líneas de la vida
te calcinará hasta convertirte en ceniza
como si fuera un sol negro.
En carne viva que nos duele
tanto en solitario como en pareja.

Y algún día,
si no lo remediamos antes,
el miedo, la rutina, la insatisfacción
o demás vacíos que nos agujerean
se apoderarán de nosotros.
mientras nos difuminamos en cenizas del asesino.

LA LÍNEA VERDE II

A un lado de Behobia: los griegos
Al otro lado de Behobia: los turcos.
Todos son behobianos.
Aunque para los turcos
los del otro lado sean griegos.
Aunque para los griegos
los del otro lado sean turcos.

Han abierto por sorpresa
las zonas para atravesar la frontera.
La línea verde que divide Behobia
a empezado a borrarse.

Dentro de cien años
los behobianos de uno y otro lado no se acordarán
que en tiempos pasados había una línea verde
que dividía Behobia.

Dentro de cien años
la línea verde del pasado
tomará la forma del mar azul.
Y sus fronterizos serán los anfibios.

A VECES

A veces me parece
que nuestro niño interior va arriba y abajo.
Que tenemos al alcance los sueños y las ilusiones,
si los queremos, para hacernos recordar.

Paseo a veces
por las calles de la parte vieja
arriba y abajo
sin mezclar los rincones.

Me parece
que si pasamos al lado de la iglesia evangelista de los gitanos,
lograremos rasgar las fronteras entre nosotros.
tanto como si pasamos por una mezquita argelina
como por delante de una marroquí
en el instante en el que los problemas entre nosotros estén exhaustos.

A veces he pensado en entrar
en el locutorio latino de esa calle
con la excusa de una llamada falsa
para conocer el ambiente que hay dentro.

A veces pienso
en qué hacían esas personas antes de venir aquí.
de dónde adónde se ha reunido un universo nuevo
en la misma calle, en la parte vieja.

Aunque parezca mentira, están en la misma calle
la iglesia, las mezquitas, el locutorio y el convento de clausura
una al lado de otra
sin mezclar los rincones.

A veces
la policía va
de arriba a abajo
haciendo tareas de vigilancia.

No sé hasta cuándo dudarán mis pequeñines interiores.
Hasta cuando las grandezas de los pequeños.
que tenemos los sueño e ilusiones al alcance,
si los queremos, para hacernos recordar.

A veces pienso
que no me atreveré a entrar en el locutorio
ni en la carnicería africana.
Pues no sabe cómo se tomarán mi presencia.

Cruzo a veces la calle de cabo a rabo,
sin entrar en ningún lugar, sin hablar con nadie,
imaginando que paso por ahí de vez en cuando
que una frontera de nuestro interior ha empezado a agrietarse.

CERCANOS (BLUES)

Lo tienen muy cerca, más cerca de lo que quieren,
el día que celebrarán sus bodas de oro.
No queda rastro hoy día
del remolino anterior a casarse.
No, al menos, en el asiento de un parque en el centro de la ciudad
cada uno mirando a un lado, a ver qué pasa.

Delante de ellos hay un joven con un vídeo-juego.
Tiene a su lado un paquete de tabaco, una coca-cola y
un teléfono de bolsillo que puede en cualquier momento
perturbar la paz.
Como si el que diseñó el parque del centro de la ciudad
doscientos años más tarde
quisiera poner frente a frente a dos generaciones.

Los peatones que andan con prisa
no se dan cuenta de nada:
de las telecomunicaciones que unen a los matrimonios ancianos,
con la intención del joven que tiende al centro para estar lejos del mundo,
a pesar de ver a diario los asientos de allí
con la imposición del tiempo para no sentarse en los asientos de allí.

DESDE EL REGAZO DE LA OSCURIDAD

No sé si ocurrió en el regazo de la oscura noche.
Utilizaron la fuerza de los rayos de sol en nuestra contra.
Acaso nos violaron en un falso día de primavera.
De veras os confieso que no sospecho
cómo cometieron el crimen perfecto sin sangre.
Pero no me acuerdo de nada
me parece que cumplieron de manera excelente su cometido.
Acaso estuvimos bajo la amenaza de la fría navaja
no tengo rastro de que la caliente bala se haya adueñado de nosotros.
Todavía estamos buscando las preguntas, pidiendo respuestas despreciables.
Cojos, palpando, en el regazo de la oscuridad.

FUENTES

Hace ya tiempo que no bebe agua de las fuentes de las calles.
No al menos directamente del grifo.
Su niñez ha quedado atrás, comúnmente atrás:
¡quién sabe qué tipo de agua beberemos!
Hace ya tiempo que sustituimos los sueños y las ilusiones
por la rutina diaria.

Hoy volviendo a casa del trabajo
ha detenido la mirada por un instante:
un niñito jugaba junto a una fuente, navegando
con la imaginación de papel, saciando la sed con creces.
Se ha acordado al instante, que a él también
le gustaba chapotear en el agua
en las bochornosas tardes de verano
en la fuente de al lado de la casa de sus padres
cuando sacia la sed del grifo de la fuente.
Entonces improvisaba los mares de papel
para navegar en los múltiples riachuelos de la plaza.

Se ha acordado por un momento, al ver a ese niñito.
Luego, del modo de un sueño que nunca ha tenido,
se dirige a casa. Pronto.

El hombre embotado no le encuentra sentido
a la fuente de al lado de casa, al grifo lleno de óxido.
Pues para él esa fuente no es más que un juguete para los niños.
El monumento de los tiempos perdidos.

COBARDES Y VALIENTES

Estando muertos en vida
parecemos llenos de vida por huir.

Tan solo se arriesgan los más valientes
a huir por los más largos límites de la realidad.
Los que se quedan en el interior
porque no quieren poner en juego lo poco que tienen.

La excusa presa de un grupo.

Los que se dan a la fuga, por el contrario,
no se dan cuenta
que estar fugado no es más que
otra forma de estar preso.

2011 Euskal Idazleen Elkartea
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Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
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