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Edu Zabala Garagartza > Extractos

Narrativa

2004 Carnaval | Gero

Su miedo por la sangre ya había pasado, los sueños siguieron su camino y en el interior de Maddi no se encendió ni el mundo ni la vida. Fue otra cosa lo que afloró. Y la pasión por ser joaldun reprimida durante los últimos tres años, se fortaleció. Con otra discreción, sin sobresaltar a nadie pero con una intensidad renovada comenzó a degustar el mes que faltaba para los carnavales, sus queridos y emocionantes carnavales.

Se acercaba más a menudo a los que iban a ser joaldunes, en la calle, a diario comentaban bien contentos entre ellos la fiesta: dónde tienes las pieles, ¿y el bastón?, ¿y tus cencerros?

- Has engordado este año Martín, no vas a entrar en el cinturón. Te vas a tener que apretar bien esa cintura. Ya sabes qué tienes que hacer en el mes que falta, comer y beber menos vino y trabajar más, ¡pedazo de vago! -

Así eran las conversaciones y discusiones en Zubieta, Ituren y demás pueblos rodeados de verdes montañas. El ambiente de día a día iba encendiéndose e inflándose y la fiesta se respiraba aunque faltaran bastantes días.

Maddi tampoco se pudo evadir de ese ambiente de fiesta y en esa magia dejó volar su mente de nuevo. Sin embargo, este año se nota algo nuevo, la llamada, sí, una llamada especial, que la invitaba especialmente a tomar parte en la preparación de los joaldunes.

Y el día en cuestión llegó. Una cuadrilla de joaldunes empezaron a atravesar el pueblo armando estruendo de puerta en puerta, recolectando jamón, queso y huevos, y vino y también ánimos y sonrisas de los de los caseríos. El pueblo y sus habitantes se despertaron, empezando por el niño más pequeño hasta las cuencas de los ojos arrugadas del anciano abuelo. La fiesta abría su magia a todos, su alegría; y las charlas, dejaban al descubierto, los dientes picados de los ebrios y los labios arrugados de las abuelas, deseando hablar.

Los jóvenes joaldunes se habían hecho inconscientemente de una cosecha especial, del mismo modo en que sus mejillas se habían puesto coloradas por efecto del vino y del frío. Los ancianos veían en aquellos jóvenes su juventud ya vivida, recordaban, por un instante fugaz, una vez al año y también algunas lágrimas corrían por las arrugas de sus rostros.

Maddi con paso tranquilo y controlado, observaba desde la distancia el carnaval, toda la parodia, con el corazón lleno de emoción, se le desbordaba el agua que había acumulado en el arroyo durante los últimos tres años.

Se hizo el ritual, el almuerzo, y tras llenar el estómago de huevos, jamón y queso, achispados por el vino, los joaldunes empezaron a sumergirse en un ambiente de alegría.

Maddi, sin darse cuenta, medio en trance, de modo discreto, casi sin levantar polvo y sin reparar en las miradas y murmullos de los de alrededor, bajo los arcos de la fonda, se detuvo en el rincón de su infancia como una paloma en su rama.

- ¡Oye Manu! Ha venido esa hermana tuya por primera vez en un montón de tiempo, ¡y hay que aceptar que está hecha toda una chavala! En pocos años tendrá más curvas que de aquí a Ituren, ¿eh?

- Tú anda con cuidado, ¿oyes? Esa chica es mi hermana y le debes guardar respeto, ¡cacho cabrón! ¡Si quieres mirar algo, ponte a mirar al agujero del retrete!

-¡Bueno tío! ¡No es para tanto! ¡Tranquilízate!

-¡Déjala en paz, pedazo idiota!

Maddi a medida que pasaba el tiempo, sentía voces, rumores y no precisamente de los vivos que allí estaban, precisamente. Sólo para sus ojos, empezó un desfile de caras que para cualquier otro eran invisibles y después de que esos espíritus saludaran respetuosamente, sobre un joalduna, por decirlo de algún modo, se calmaron. Al final se le acercó un espíritu que reflejaba la imagen de una anciana abuela.

- Maddi, es la primera vez que me vez pero hemos conversado anteriormente en sueños, me conoces. Quería estar contigo desde hace tiempo pero hay que respetar las etapas del ser humano y el momento ya ha llegado, has derramado sangre, eres una mujer joven y el que sufra sabrá quererte y también entenderte. Ha llegado el momento de que entiendas mi mensaje. ¡Soy la madre de tu mamá, cariño!

El nerviosismo y el miedo estallaron en Maddi, pero se fueron tan rápido como vinieron, dejando sitio a la confianza y a la tranquilidad.

- ¿Pero quiénes sois, quién eres tú? ¿Por qué os ponéis encima de los joaldunes? ¿Por qué los demás no pueden verte y los demás sí?

- Maddi, tú naciste con un don especial aunque ni siquiera tú lo supieras. Pero ya es hora de que esos poderes salgan a la luz, no para que hacer mal a nadie sino para su bien. Sin embargo, ¡ten cuidado! Los malvados de siempre aún hoy te llamarán bruja, pero hoy día ya no es tan arriesgado como en otras épocas, tan penoso.

- ¿Pero cuáles son esos poderes, para qué puedo utilizarlos?

- Tendrás la capacidad de leer los deseos de los demás, su alma no tendrá secretos para ti y eso no le gusta a al gente y quizás tampoco a ti, pero es así. La Naturaleza no tendrá secretos para ti. Serás capaz de curar ya también de hacer enfermar. Los otros espíritus que ves aquí son los antepasados de Zubieta no quieren perder esta fiesta de carnaval inigualable. Estate tranquila, no somos malos. Y una última cosa, Maddi, no volveré a aparecer ante ti de este modo, cuando lo necesites podrás llamarme, si no te dejaré tranquila, he venido a transferirte estos poderes, como otros antepasados me los transfirieron a mí: “Que no se rompa la cadena”

Y tras decir eso, todos los espíritus desaparecieron en un santiamén dando un enorme grito. Maddi se despertó del trance en ese instante y se dio cuenta de que todos los que estaban bajo los arcos, los que eran joaldunes y los que no lo eran, mirándoles, sin decir ni pío, boquiabiertos.

- ¿Pero qué os pasa? ¿Por qué me miráis así? ¿Qué sucede Manu?
Manu tenía los ojos abiertos como platos y no respondía.
–Manu, ¿qué te ocurre? ¡Contesta!

Manu se despertó de repente.

– Has gritado, un grito desgarrador, alto, más fuerte que el rayo y nos has dejado clavados al suelo. ¿Qué tienes Maddi? ¿Te encuentras bien?

Maddi no respondió, cabizbaja bajo la carga de una experiencia tan asombrosa como esa, salió poco a poco de debajo de los arcos de la fonda deseando entender, deseando creer, y los ttuntturros y la gente se abrieron a su paso con respeto, miedo y curiosidad.

En una de estas, el sonido gélido de los cencerros comenzó de nuevo y tras salir de la bodega, los joaldunes avanzaron por detrás de Maddi. Entonces Maddi se dio la vuelta y para su sorpresa, vio que tenía a todos los joaldunes agitando sus tolones, mirándola, al parecer esperándola. Se alejó dos líneas y el joaldun más viejo venía con el traje y los utensilios en las manos. Maddi no entendía nada de nada, pero como si todo estuviera bajo secreto, y respondiendo mecánicamente a un ritual, se vistió de joaldun: pantalón de mahón, sayo blanco, piel de oveja, el ttuntturro, cogiendo el pañuelo rojo y el bastón el joaldun se colocó detrás del grupo y corrió por las calles de Zubieta arriba y abajo una y otra vez, hasta que salieron del pueblo y en busca de los de Ituren se dirigieron hasta el arroyo.

Desde entonces, los viejos de Zubieta, los más entendidos, dicen, que los joaldunes nunca han vuelto a producir un sonido tan al unísono, alto y misterioso.


Joaldun: nombre de personajes principales de los carnavales de Zubieta e Ituren, portadores de cencerros.

Ttuntturros: Personajes de carnavales de Ituren y Zubieta.

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