EU | ES | FR | EN
Facebook Twitter Vimeo Youtube
Euskal Idazleen Elkartea

David Tijero Osorio > Extractos

Poesia

Poema hautatuak |

El silencio es
tu mirada antes de cerrar los ojos
o el adiós que no necesita palabras
sabiendo que pronto
nos volveremos a encontrar
el silencio es
copos de nieve cayendo
en las noches sin viento de luna nueva
o el resplandor de la lejana tormenta
en las tierras teñidas de amarillo por el verano
el silencio es
el equilibrio más elegante de la naturaleza
o el simple capricho del caos
la prueba irrefutable
de que la belleza reside en la sencillez.

(Del libro “Isilaldiak” (Silencios), Editorial Bermingham, 2005)


La negra lluvia me moja
en la oscura calle sin nombre
la débil luz refleja su sombra móvil
en los carteles de la pared
no habrá techo en esta húmeda noche
una más entre muchas
soy otra gota
que yace en la acera que resbala
la única gota que no se evaporará
al amanecer
aunque yo también, al igual que las otras
no quiera quedarme abajo.

(“Las estrellas mueren en el mar”, Ediciones Beta, 2004)


Cultura del miedo

Las paredes de Central Station están dibujadas de caras. Demasiados desaparecidos en las cenizas. Nadie se atreve a quitarlos, como si hacerlo supusiera aceptar que todas ellas son fotos de muertos. Hay miles de banderas por todas partes, en los coches, en las tiendas de los emigrantes de esta generación, en las manos de los niños… . Este no es el New York del siglo XX, el patrioterismo de los Estados Unidos lo ha invadido. Los fines de semana llegarán turistas estadounidenses. Cada uno llevará su bandera en la mano, en la visera o en la camiseta para visitar la única zona de la isla donde no hay rascacielos. Vivimos una nueva época y tomando por excusa la herida de esta ciudad, se crean nuevas víctimas todos los días en el otro lado del mundo en nombre de la corrupta palabra libertad. No veremos sus caras en las fotografías, no sé siquiera si harán llorar a alguien, como una vez tuve que escuchar a un cliente de la tienda de mis padres, al menos los que han muerto eran pobres. Atravesamos el puente que nos lleva a Brooklyn. Debajo de nosotros los coches pasan velozmente para aumentar la caravana en la entrada al barrio pocos metros más adelante. Más abajo el mar lucha con la ría y sobre nosotros el cielo más transparente que nunca antes hayamos visto, agujereado por el sol, limpio y doloroso. Tanto ciclistas como corredores pasan empapados de sudor cerca de nosotros, en un silencio casi tan asfixiante como la humedad de este verano. El deporte es otra obsesión aquí. En medio del puente un grupo de jóvenes bebe alcohol de una botella cubierta con una bolsa de papel. Las risotadas que les escuchamos expresan el vacío de sus vidas. Los militares están atentos a la espera del enemigo invisible. Chicos morenos de orgulloso gesto nos registran con los ojos buscando en nosotros alguna pinta de terrorista bajo los helicópteros que rasgan el cielo. Nadie les hace demasiado caso, están ahí cada día, vete a saber a la espera de qué amenaza. Los dirigentes han educado a la población en la cultura del miedo, mejor perder la libertad que la vida dicen la mar de contentos, repitiendo lo que cada noche escuchan en la televisión, igual que alumnos aplicados repitiendo lo dicho por el profesor… .


(“Cultura del miedo”, Verano de 2002 en Nueva York)



La carta del soldado

Alguna vez habré de volver a casa
del modo en que te lo juré al alejarme de ti
alguna vez volveré al cobijo de tus brazos
y todo será más fácil
alguna vez habré de hablarte de aquel horror
y lloraré delante de ti
igual que hago aquí al acostarme sólo
habré de creer que todas las desgracias
saldrán escondidas en las lágrimas
en la creencia de que alguna vez empezaré a olvidar
aunque para algunos de los muertos
mis recuerdos sean la única prueba
que quedará de que alguna vez existieron.

(Bombardeo de poemas sobre Gernika, 2004)


No quise cerrar la puerta
en la esperanza de que el sueño dominara la realidad
pero al menos por un momento
pudimos compartir las miles de estrellas del firmamento africano
puesto que estábamos demasiado lejos
para que tuviéramos algo más que el uno al otro
eran de ambos y de nadie más
porque éramos los únicos que no dormíamos
mirando a las playas del otro lado de nuestro mar
allí donde muere la herida del desierto
habré de imaginar que te besaba
la tormenta de arena no durará para siempre, sí
y a pesar de haber jurado que volveremos
para culminar lo que ha quedado sin hacer
no encuentro el atrevimiento para decir
que no será juntos
pues la realidad es un muro al que doy cabezazos
cruel alimaña que alimento con dolor, la cual me devorará
que siempre está dispuesta a salir de la invisibilidad
para acariciarme el corazón con garras afiladas.

(Premiada por la Agrupación Gerekiz, 2004)


Viajaré bajo el amanecer empapado en viento del Sur
tras pasar toda la noche en la carretera
encontré ayer la llave para la última puerta
no quedaban más obstáculos ni excusas para permanecer
vencí al miedo que da la libertad
nada más empezar a correr
me he alejado hasta que la luz ha hecho palidecer a la noche
aunque aún sienta que estoy demasiado cerca
no tengo más que seguir hacia delante
para dejar también atrás a los pensamientos
reivindicando la posesión de este cielo que me ofrece cobijo
sabiendo que me tomarán por un loco que no necesita defenderse.


(“Volveré en autobús”, 2003)


Me has hecho invisible por un código secreto
te tuve tan cerca
que no sé cómo te alejaste
no sé traducir los sueños
no sé llevarlos al papel
no son más que señales borrosas
no puedo distinguirte entre ellas
aunque esté vivo en las mismas
no puedo hablar
aunque desearía gritar
no puedo mover las piernas
me tienen cautivo en la tierra
necesitaría otra noche más para inventar
una nueva realidad
para despertar dentro del sueño con el ímpetu
de un toro salvaje
y sentirme a salvo dentro de él.

(“Aquí mismo e incluso más lejos”, GURYA, 2002)



...dormido
como los troncos desnudos que esperan la primavera
en los blancos días del invierno
como el volcán pacífico
antes de la más violenta explosión de fuego renovador
como el soldado enviado a la muerte
que busca la valentía de atacar
metido en las trincheras del miedo
como el esclavo bajo la negra sombra del amo
a la espera de cuándo se romperán las cadenas
deseando la llegada del muevo Mesías
como esta maldita sociedad de los que posan
ante miles de tubos catódicos
como los sistemas impuestos corruptos
que suelen derrumbar la revolución
¿te quieres despertar?…
(“Desde la ventana de la tienda”, Editorial Kutxa, 2001)

El agua azul es blanca
convertida en espuma que choca
contra las negras rocas
azules también son tus ojos y los cielos en verano
son rosas las nubes al alba
grises cuando traen lluvia
rojas cuando muere el día
verdes las tierras de la costa
amarillas las de los desiertos
pardas las plumas del pájaro
que cada tarde me visita
y marrón el color de la hojarasca
espectro de miles de colores
reunidos en el arco iris
aunque para el poder tan solo valga uno.

(“Personajes de una vida”, GURYA, 2001)



2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
eie@idazleak.eus

iametza interaktiboak garatuta