EU | ES | FR | EN
Facebook Twitter Vimeo Youtube
Euskal Idazleen Elkartea

Castillo Suarez García > Extractos

Poesia

2004 Spam poemak | Elkar

Hasmentakoa (El de inicio)

Olor a poesía.
Olor a arrepentimiento.


Hondarrekoa (El del fondo)

Una noche de sábado,
después de cenar
cuando llegamos al bar
me encerré en el baño y me puse a llorar:
encerrada en el baño, encerrada en la rabia.
Mis amigos me hablaban afablemente,
pero les notaba incómodos,
como si llevara conmigo el riesgo de romper su tranquilidad.

Todavía no tengo confianza
con los taxistas de Santiago,
todavía no les he contado
que la razón que nos lleva a las ciudades
es siempre la de olvidar.

En las ciudades no hay hambre
porque la hora de comer no existe.

Confieso que antes evitaba las ciudades.
Es difícil aparcar.
Crecen sin parar,
cambiamos constantemente de piso de alquiler.
"¿Cambias de casa?", pregunta el taxista.

Hay quienes tienen las maletas llenas de desgracias.

Nunca fui con mis amigos de vacaciones,
como mucho íbamos a cenar los sábados.
Como tenía excusas diversas para decir que no
me gané inmediatamente la fama de rara.
Y para qué negarlo.

Me ha costado llegar a Santiago
vaciar el armario y colocar el ambientador,
no mostrar la aflicción institucional
como el duelo que todavía
muestra nuestra madre por mi hermano.


Me he dado cuenta de inmediato
que mi madre se molesta cuando la llamo:
"Es caro llamar desde Chile si lo haces a esta hora".
A mis amigos tampoco les hace demasiada gracia.
les hago sentir de sobra
que no ha habido cambios en sus vidas.
Los pobres, creen que les pediré detalles;
al parecer, para eso están las noticias de los periódicos,
la conversación de los bares,
la dirección correcta de las avenidas de Santiago.

Llamarte sería ceder.

Me acuerdo de nuestro padre.
Parece que mira al infinito;
muestra la mirada perdida
cuando no se habla de caza.
Yo, por el contrario, no veo nada
cuando miro con atención al cielo

Ahora me doy cuenta
que evitabas contestar a mis palabras
como si pusieran en peligro tu profesionalidad.
Ahora me doy cuenta
que he sido demasiado osada
en el primer día de mi trabajo
al llegar con una nueva identidad.

Creo que vivir en el último caserío del pueblo
tiene que ver con el deseo que tienes de soledad,
así es, te supone un gran esfuerzo
salir con alguien a tomar un café.

He venido aquí
para eliminarte de mi interior.
Tu rastro
crecerá de un día para otro,
no quiero sentirlo,
no podría
vivir mucho tiempo por tu mediación.

Siendo estudiantes nuestra madre venía
a la estación de tren cada viernes en su coche.
Mi hermano cogía el tren en Salamanca
y yo en Burgos.
Siempre se ponía en el último vagón
guardando un sitio para mí.
Hablábamos poco
porque preferíamos ir leyendo revistas.

Necesito una excusa
aunque sea desde la distancia,
para poder quereros
más.

Me he despertado con la luz encendida
23 horas después de haber llegado a la ciudad,
con unas ganas increíbles de poner todo en orden:
he vaciado las maletas sobre la cama,
quiero cambiar las sábanas pero me es imposible.

Quise ser cruel
con la chica que iba sentada a mi lado en el avión;
ella, en cambio, me repitió tres veces
que era diseñadora gráfica,
como si fuera buscando trabajo.

Salía a cada rato
me sentaba en la mesa de al lado de la puerta
como si estuviera esperando a alguien.

En las paredes se apilan
notas que ofrecen
un lugar para vivir.
Reina el silencio en la habitación.
Se oye el ruido de los vecinos de arriba,
el llanto de un niño,
un camión que recoge la basura.

Me gustan:
los minutos anteriores a un momento importante,
los mensajes que me dejas en el contestador,
entrar por un lado a la piscina y salir por el otro.

La mentira es blanda,
se puede moldear tanto como se quiera.

La ciudad puede matarte de muchas formas
antes de que puedas atravesarla de un lado a otro,
sobre todo si crees en las letras de las canciones.

Nunca como la comida
que el anterior inquilino
se ha dejado en el frigorífico,
no encuentro la llave del agua caliente,
no entiendo el significado de los botones de la lavadora.
Estoy pensando si dar o no a alguien
el teléfono nuevo.
Quería traer las frases importantes en la maleta
voy sin rumbo
como si quisiera recordar un sueño,
como si tuviera que crearme necesidades nuevas.

Las ciudades son el origen de todos los males.
Por eso las ciudades
se parecen unas a otras
cada vez más.

2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
eie@idazleak.eus

iametza interaktiboak garatuta