EU | ES | FR | EN
Facebook Twitter Vimeo Youtube
Euskal Idazleen Elkartea

Arrate Egaña Gimenez > Extractos

Narrativa

Tan solo libros |

En una tierra no muy lejana y hace no tanto tiempo, comenzó una terrible guerra donde mucha gente moría, o se quedaban sin casa. Por poner un ejemplo, aquel grupo de niños escondido en el establo de un caserío. Alrededor se oía la explosión de las bombas y, de vez en cuando, también disparos y el repiqueteo de las ametralladoras.

Un joven soldado entró allí y vio a los niños: una niña pequeña seria con un huérfano en los brazos, dos chicos gemelos, temblando de miedo, y otra chica más, no muy grande pero valiente, dispuesta a proteger al resto con un bastón.

– Yo estoy con vosotros, os he de llevar de aquí – le dijo el joven soldado -, estaréis a salvo en la vieja biblioteca que está a la salida del pueblo.

Al llegar la noche, abandonaron el establo y, yendo por el camino del bosque, se dirigieron hacia la biblioteca. El soldado quería cogerle el niño pequeño a la chica seria, para que esta corriera más rápido, pero la chica, como era fuerte e impetuosa, tras agradecer el gesto, fue más rápido llevando consigo el niño en brazos. Los gemelos, muy nerviosos, se pusieron detrás del soldado, pegados a él. Finalmente, la chica valiente, sin soltar el bastón, se movió como una sombra por el bosque. La luna llena le ayudó a ir por el camino.

- ¡La bibliotecaria es una bruja! - le contó un gemelo al soldado, castañeteando los dientes.

- ¡Sí, una bruja horrible!- corroboró el otro temblando.

– No es verdad- aclaró la chica seria -, cuidaba muy bien la biblioteca del pueblo.

En la salida del bosque, había una oscura biblioteca, con las puertas y ventanas cerradas. Tras llamar, apareció la bibliotecaria, con un chal en los hombros y bostezando.

-¿Qué queréis?- preguntó.

- Estos niños se refugiarán aquí, que los enemigos van a quemar todo el pueblo.

– Entrad entonces pero no encendáis las luces- les ordenó la bibliotecaria.

Todos entraron y vieron el lugar por la luz de la luna que entraba por entre las telarañas. Todo estaba limpio, ordenado, los cuadros colgados de las paredes, los libros en las estanterías y las sillas alrededor de las mesitas, como si estuviera esperando recibir en cualquier momento los niños del pueblo.

Un par de días más tarde, en efecto, le comunicaron al soldado que los enemigos habían quemado el pueblo, que la biblioteca estaba todavía libre del ataque. El soldado recibió la orden de cuidar los niños.

Vieron el resplandor naranja de las altas llamas del incendio desde el jardín de la librería en el cielo oscuro y también escucharon gritos y disparos.

En los días siguientes, en cambio, no oyeron nada más. El sol salía cada día y los pájaros cantaban. Los niños jugaban en el bosque con el soldado, y de noche la bibliotecaria les leía hasta que se quedaban dormidos. Aquella bibliotecaria no era mala. Era una mujer muy sabia y generosa, todo lo que tenía lo repartía con los niños y les enseñaba juegos.

Anduvieron por los senderos que dan al bosque y alrededor de la biblioteca algunos días, como si estuvieran en otro mundo, en un mundo tranquilo sin guerra. La chica seria rió, había olvidado que era un soldado al oír aquellas dulces palabras; el huérfano encontró a una madre en la bibliotecaria; los gemelos más que temblar rieron y la chica joven cogió los libros en vez del bastón.

Pero la guerra seguía siendo la guerra: una vez, cuando los niños estaban alrededor de la bibliotecaria para escuchar un cuento, oyeron la radio del soldado, desde un rincón. Los enemigos, tras matar casa por casa la gente que quedaba viva, se dirigían hacia el bosque; ¡para la mañana del día siguiente llegarían a la biblioteca!

Los niños se asustaron de nuevo. El soldado no sabía qué hacer: no tenían tiempo para huir y, por otra parte, ¡no había dónde esconderse! Entonces la bibliotecaria, como los gemelos sospechaban, ya que era parecida a una bruja, les propuso una salida.

– Nos esconderemos dentro del libro.

– ¿Tú sabes hacer eso?- le preguntó sorprendido el soldado.

– Entrar no es fácil, pero luego alguien ha de sacarnos.

– Da igual- dijo la chica seria -, si esa es la única forma de salvarnos, ¡lo haremos!

No tenían mucho tiempo, venía ruido del bosque, los enemigos tiraban los árboles y disparaban a todo lo que se moviera.

-Rápido- les dijo la bruja bibliotecaria a los gemelos -, ¿A dónde queréis viajar? ¿Os gusta este libro de aventuras? ¿O ese otro de piratas?

Los gemelos, sin quitarse el susto de encima, decidieron adentrarse en una historia de aventuras y la señora les envió allí pronunciando unas palabras mágicas. La chica valiente decidió entrar en el libro de los piratas y la chica seria le pidió al soldado entrar en uno de duendes para ir juntos, pues estaban enamorados.

– Yo he de hacer la guerra- dijo el soldado.

La bibliotecaria rogó al joven soldado que no se quedara, que la guerra era mala y que por el contrario él no era un joven malo.

- ¡Piensa que tú para muchos eres tan enemigo como esos para nosotros! ¡Te tendrán miedo y les harás daño!

El soldado no cedió. Les dijo que algún día volverían y que las buscaría en algún pueblo.

– Entonces iré al cuento de la Reina de las Nieves hasta que vuelvas de la guerra- le dijo la chica -, y viviré en el frío hasta que vuelvas.

La bibliotecaria metió a la chica en el cuento de la Reina de las Nieves ante los ojos humedecidos del soldado, tras ello despidió al joven. La señora quería visitar desde hace tiempo las leyendas de caballeros y se sumergió en un libro enorme llevándose consigo al niño pequeño. Cerró aquel último libro y antes de que llegara el soldado, marchó, triste.

Los enemigos, dejaron el bosque destrozado y encontraron la biblioteca. Rompieron las ventanas, la puerta y dispararon en el interior. Dejaron el lugar tal y como estaba, iban con prosas, debían tomar el siguiente pueblo y allí, a fin de cuentas, no había más que un montón de libros.
2011 Euskal Idazleen Elkartea
Zemoria kalea 25 · 20013 Donostia (Gipuzkoa)
Tel.: 943 27 69 99 - Fax.: 943 27 72 88
eie@idazleak.eus

iametza interaktiboak garatuta