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Euskal Idazleen Elkartea

Ainhoa Irazu Ibañez > Extractos

Narrativa

El pueblo que no conocía la guerra |

Una vez una noticia increíble apareció en el periódico: en el último confín del mundo, en el mismo lugar en el que nace el arco iris, ¡había un pueblo que no conocía la guerra!

Aquel era el único pueblo del mundo que no conocía la guerra el único pueblo pacífico. Allí no había ni armada ni ejércitos, ni soldados, ni policía y todos vivían en santa paz, sin tener conflictos entre ellos. En aquel pueblo todos tenían lo mismo, una casa, y algo para comer, y todos eran felices. Eran tan felices que la risa les contagiaba. Sí, si alguien se ponía a reír, todos los que estaban a su alrededor también lo hacían. Vivían muy contentos allí, y claro, casi siempre sonrientes. ¡Para qué pues militares y policías!

Cuado el jefe del pueblo más belicoso del mundo tuvo noticia de ese pueblo pacífico, se frotó las manos. Era muy malvado. "¿No conocen la guerra? Entonces no sabrán qué son las pistolas, los cañones, los explosivos... . No sabrán qué hacer para ganar la guerra. Un pueblo sencillo de verdad, ¡caramba!. Lucharemos contra ellos".

Con esa intención en mente, el jefe del pueblo más belicoso del mundo envió un grupo enorme de policías al pueblo pacífico, para tener a sus habitantes bajo control.

Envió policías con pistolas, porras, walki-talkies, casco y todo... pero los que allí vivían nunca habían visto nada así, y pensando que los foráneos eran de otro mundo, empezaron a desternillarse de risa:

" ¿De dónde venís? ¿Sois extraterrestres?"

Como allí la risa era contagiosa, todos se pusieron a reír, policías incluidos. A los pocos días volvieron los policías, todavía riéndose, sin someter a los habitantes.

El jefe del pueblo más belicoso del mundo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para someter al pueblo pacífico, y preparó un segundo ataque. En ese segundo ataque, envió un montón de soldados, a cuál más temible, con metralletas, pistolas, explosivos y de todo. Sin embargo, tampoco esa vez se asustaron, sino al contrario: empezaron a desternillarse de risa al ver a los militares con esas pintas: "Estáis equivocados, los carnavales empiezan la próxima semana".

Como allí la risa es contagiosa, todos empezaron a reír, militares incluidos. A los pocos días volvieron los militares, todavía riéndose, sin someter a los habitantes.

Al tercer intento, fue el jefe en persona, acompañado de sus enormes guardaespaldas. Los guardaespaldas del jefe casi eran gigantes, y el hombre, por el contrario muy pequeño. Por eso los habitantes tomaron al jefe por una marioneta, y nada más empezó a hablar, empezaron a desternillarse de risa. Todos se pusieron a reír, guardaespaldas incluidos. Tan solo el jefe fruncía el ceño.

Soy el jefe más poderoso del mundo. Porque están a mi mano las cosas más importantes del mundo", "Y está a la vista que estás enfermo, porque no sabes reírte", le dijo de nuevo el hechicero del pueblo”.

"Al menos que tu pinta valga para provocar la risa". Y el hechicero convirtió al jefe en una marioneta. Allí acabó la historia del jefe belicoso, convertido en marioneta. Por fortuna, la historia del pueblo pacífico aún hoy no ha acabado. Nadie todavía ha sometido ese pueblo pacífico, porque todos los que allí van acaban riéndose, y el que no ríe acaba convertido en marioneta.
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