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Breve historia de la literatura vasca

En este periodo, los instrumentos culturales se socializan de una manera tal que el hecho genera una crisis de ideas combinada con una gran proliferación de nuevas ideologías. Paralelamente, en cada uno de los diferentes campos socioculturales se produce una clarificación de objetivos y una redefinición de los espacios de cada uno de ellos.

La producción literaria se diversifica, se comienza a trabajar con otras formas de expresión, los contenidos adquieren connotaciones más originales que abocan a que la corriente más comprometida con la coherencia interna de su propia obra se imponga. Con todo, cabe destacar que la corriente que busca sembrar semillas de conciencia socio-política sigue vigente.

En definitiva, transitando por la senda abierta por Mirande, la corriente que mira más al contenido literario de la obra se adelantará al resto. Ha llegado la hora de, digámoslo así, profundizar en los valores puramente literarios, dejando en un segundo plano el compromiso social.

La narrativa:

Durante estos años la narrativa se verá reforzada tanto por la cantidad como por la calidad de las obras generadas. La mayor innovación la aporta la "novela formalista". En este nuevo subgénero se experimenta con la técnica y la estructura de la novela. Los personajes dejan de ser protagonistas de la narración, para pasar a convertirse en instrumentos de la misma. Se trata por tanto de hacer del lector o lectora parte activa de la experiencia creativa, sobre todo desde el momento en el que la estructura narrativa deja de organizarse cronológicamente.

De entre los escritores que cultivan esta tendencia durante los años señalados destacan R. Saizarbitoria, P. Urkizu y L. Haranburu.

Algunos autores, sin embargo, se sitúan en las antípodas de la novela formalista y, a través de un lenguaje popular, pretenden llegar al gran público con obras que abordan la problemática socio-política del momento. De entre los cultivadores de esta novela social o realista destacan X. Gereño y X. Amuriza.

Si embargo, el desarrallo del género novelístico no se limitó a las dos corrientes citadas, ya que aflora una tercera que podríamos denominar "novela simbólica". Se trata de una novelística que juega con dos planos de realidad: el de la experiencia evidente, con referencias a la situación que se vive en el momento de la creación, y el de la experiencia profunda que subyace bajo ese plano de lo evidente, recurriendo las más de las veces a persomajes colectivos. Entre sus cultivadores citaremos a Txomin Peillen, Mikel Zarate y A. Lertxundi, este último en sus inicios como escritor.

También durante estos años se pusieron las bases de la futura narrativa breve, que por fin encontraba un espacio propio en nuestra literatura.

El género del cuento fantástico, sin renunciar a la ironía y a un cierto toque sentimental, será cultivado por L. Haranburu Altuna en Zera... (Esto…, 1975) y Desgizona (El no-hombre, 1977).

Por su parte, M. Zarate cultivó la alegoría simbólico-pedagógica en Ipuin antzeko alegi mingotsak (Fábulas amargas a manera de cuento, 1975).

El cuento más moderno encontrá en A. Lertxundi, autor de Hunik arrats artean (1970) y Aise eman zenidan eskua (1980), a su principal cultivador.

Al margen de las corrientes citadas, con Behin batean (Érase un vez, 1972) o Nazioarteko ipuinak (Cuentos internacionales, 1982), destaca X. Kintana.

La poesía:

A lo largo de estos años la producción poética se enriquece de manera especial, tanto en cuanto a libros publicados como en cuanto a diversidad temática. Ateniéndonos a criterios como la importancia del mensaje y la presencia de temáticas sociales o existenciales, se podrían apreciar varias corrientes poéticas.

Una primera corriente sería aquélla de profunda perocupación existencial, por el pueblo y por el individuo amargado, todo ello expresado a través de un lenguaje denso y trabajado. Los nombres más señalados son B. Gandiaga y X. Lete.

Una segunda corrriente, de lenguaje más ligero y libre, estaría representada por X. Azurmendi, J. Zulaika y M. Arregi, entre otros. El sueño de una revolución socio-cultural generalizada va cayendo y en ciertos ambientes se va extendiendo una especie de desesperación. Un reflejo de ello sería la poesía clara, sencilla y cotidiana de J. Zulaika y M. Arregi. Eran el germen de una poesía que tomaría como punto de partida al individuo en su cotidianidad y realidad más cercana.

La corriente iría engrosándose con la aparición de otras voces, entre las que cabría citar las de M. Azurmendi, con su obra Euskal Hilobia (La tumba vasca), publicada en el libro colectivo Euskal Elerti 69 (Literatura vasca 69), I. Sarasola, con Poemagintza (Poética), también de 1969, o Arantxa Urretabizkaia, con su San Pedro bezparearen ondokoak (Pasadas las vísperas de San Pedro), de 1972, a la que diez años después seguiría Maitasunaren magalean (En el regazo del amor).

Una tercera corriente sería la de la poesía de los sentidos. Surge la poesía visual, por ejemplo, que utiliza diferentes grafías e incluso fotocomposiciones, ubicando el poema en otra dimensión. Pretende que todos los sentidos del lector participen de la experiencia poética. Los poetas buscan la complicidad del receptor. La expresión más lograda dentro de esta corriente es la que alcanza J.A. Artze “Hartzabal”. Pero no nos olvidamos de otros dos poetas cuya obra tendrá un recorrido de más de treinta años. Se trata de L. M. Mujika y J. M. Lekuona, poetas también de los sentidos.

Además de las corrientes citadas, se dan casos de poetas que recurren a la vieja tradición lírico-simbólica para dotarla de nuevos contenidos humanísticos y existenciales. Ahí situaríamos las obras de M. Iturbe, Bizitzako urratsetan (1973) y Asekaitz (1974), a modo de ejemplo.

El teatro y el ensayo:

En cuanto al teatro, estos años ven surgir una nueva generación, que diversifica las temáticas y recurre a técnicas más modernas que las anteriores. Sin embargo, el género no termina de enraizarse socialmente. Autores como I. Begiristain, D. Landart y L. Haranburu Altuna serían un ejemplo del teatro de estos años.

En cuanto a la ensayística, durante estos años se publicaron una serie de obras que, si bien no podrían ser considerados como estrictamente ensayos, contendrían algunas carácteristicas del género. Se trata de obras de clara intención ideológica, como la de Begiarmen Sei idazle plazara (Seis escritores cara al público, 1974), la de E. Osa Pedagogia eta gizartea (Pedagogía y sociedad, 1972) y la de X. Mendigurenen Europako ezker berria (La nueva izquierda europea, 1972), por citar las más destacadas.

Cabe señalar que la biografia como género no tuvo cabida en estos años, habiendo que esperar hasta la década de los noventa para encontrarnos con, por ejemplo y a manera de precursora, la de G. Aresti, escrita por A. Zelaieta.

En resumen, entre los años 1957 y 1975 la literatura en lengua vasca buscó con ahínco la renovación tanto formal como temática, así en la poesía como en la narrativa, con suerte diversa.

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