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Breve historia de la literatura vasca

La escuela de Sara y la literatura amorosa

Durante el XVII la literatura vasca conocería un florecimiento sin precedentes. A lo largo del siglo se iban a publicar 36 obra de más de 50 páginas, de las que 20 eran de nuevo cuño y las restantes, hasta doce, traducciones. El movimiento literario del que surgieron la mayoría de las obras, de claro contenido contrarreformista, vendría a conocerse con el nombre de Escuela de Sara, o Escuela de San Juan. Mientras que al sur del país los autores religiosos, con gran dificultad, se afanaban simplemente en traducir sus textos de catequización y poco más.

Al parecer, este florecimiento de las letras estaría determinado por la coyuntura económica del eje que unía las poblaciones labortanas de San Juan de Luz y Ziburu, en la costa, con la de Sara, en el interior del país. Cabría aquí recordar que, por la época, las dos poblaciones portuarias eran las mayores de todo el País Vasco, con importantes colonias, entre otras, las formadas por vizcaínos y guipuzcoanos. Evidentemente, la lengua de comunicación entre vascos era el euskara en sus diversas variedades. De manera que se impondría la necesidad de ir estableciendo una lengua común. A esa tarea se iban a aplicar los miembros de la que se conocería como Escuela de Sara, también llamada Escuela de Donibane.

El citado movimiento literario lo formarían un grupo de clérigos, además de algunas gentes cultas a las que aquéllos dirigirían sus escritos. En definitiva, los miembros de la Escuela escribirían teniendo como finalidad la formación religiosa de la población, tanto de la burguesía culta como de las clases inferiores. La mayoría haría uso de un euskara más moderno que el de Etxepare o el de Leizarraga. Algunos de los autores habrían estudiado Humanidades, además de adquirir algunos conceptos básicos de las Bellas Artes.

El miembro más conocido y reconocido de la citada Escuela de Sara o de Donibane sería el anteriormente citado Axular. Su obra, conocida hoy simplemente como Gero (Después), vería la luz en 1643. Desde entonces este libro vendría a ser una especie de espejo en el que se mirarían muchos autores a lo largo de los siglos, y ello a pesar de las modas cambiantes de cada época.

De entre los miembros de aquella Escuela de Sara, sin duda que cabría destacar la figura de Arnaut Oihenart, quien, según los datos históricos, habría sido el único autor que, además de ser un magnífico poeta, no fue clérigo. De entre sus obras destacaríamos dos:

  • Notitia utriusque Basconiae, tum ibericae, tum aquitanicae (París, 1630). Historia de los dos Países Vascos, de los Iberos y de Aquitania, escrita en latín, es en definitiva una historia del País Vasco, la más fiable y crítica de entre las escritas en la época.
  • Atsotitzak eta Neurtitzak (Refranes y poesías; 1657). Ya desde el título se entiende que esta obra contiene dos partes bien diferenciadas. En la primera se recogen refranes antiguos, mientras que en la segunda el autor nos ofrece su propia obra poética. En la segunda, destaca el empleo del tema amoroso, si bien algunas composiciones tocan temas religiosos. Como poeta, utilizaría una métrica renovada, culta y exacta, haciendo suya la tradición europea del siglo XVI.

Más tarde, algunos críticos calificarían a Oihenart de frío, en la medida en que se alejó de la métrica más al uso. Sin embargo, Oihenart no era versolari, o repentista. En su uso de la lengua se puede apreciar una tendencia al purismo, si bien sabe sacar partido a las posibilidades de la propia lengua a la hora de crear su discurso poético. Su maestría en el manejo de la lengua está fuera de toda duda.

A pesar de su importancia, la obra de Oihenart apenas tendría eco en el movimiento literario, ni sus ideas contarían con el beneplácito social. Sin embargo, al cumplirse su cuarto centenario, llegaría una relectura de Oihenart que le haría justicia.

Por otro lado, en su L’Art Poétique Basque, Oihenart recogería un poema amoroso escrito en vizcaíno en 1665. Y es que, de alguna manera, también en ese dialecto se iba perfilando una poesía amorosa, tal y como lo muestra el caso de Rafael Mikoleta en su Modo breve de aprender la lengua vizcayna, de 1653. En la obra, que ha sido reeditada recientemente por Angel Zelaieta, se recogen dos poemas amorosos.

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