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Breve historia de la literatura vasca

Los primeros pasos literarios

Se ha solido decir que la historia de la literatura vasca vendría marcada por tres hitos iniciales, a saber, Bernart Etxepare, Joannes Leizarraga y Pedro Axular. A estos tres nombres debería añadírseles hoy un cuarto, el de Lazarraga, autor recientemente descubierto.

El primer libro escrito en euskara, o lengua vasca, sería impreso en Burdeos, en 1545. Su autor, Bernart Etxepare. Su título, aunque en latín, Lingua Vasconum primitiae, no podía ser más expresivo. La obra contiene poemas tanto profanos como religiosos.

Sin embargo, a partir del Concilio de Trento y los subsiguientes concilios y sínodos, con la llamada Contrarreforma, se iba a abrir una fosa enorme entre la vida pública y la vida privada. Así que no es de extrañar que a partir de un momento determinado algunas de las poesías contenidas en la obra levantaran cierto escándalo. Con todo, la obra nos deja el testimonio de una época a punto de desaparecer, y lo hace además de la mano de un sacerdote, Bernart Etxepare.

Pero si hubo una Contrarreforma fue porque hubo una Reforma, que también tuvo sus cultivadores en las letras vascas, el principal de ellos Joannes Leizarraga, que, a partir del Sínodo Calvinista celebrado en Pau en 1546, recibiría el encargo de traducir el Nuevo Testamento al euskara. Nombrado ministro de la iglesia reformada, en 1564 fue destinado a Labastide-Clairence, donde murió en 1601, según parece.

Una parte de la obra traducida por Leizagarra vio la luz en 1571, aunque los avatares político religiosos impidieron su finalización. En concreto, serían tres las obras publicadas:

  • Jesus Christ Gure Jaunaren Testamentu Berria (Nuevo Testamento)
  • Kalendrera (Calendario o almanaque)
  • Abc edo Christinoen instructionea (Abc o catecismo Cristiano)

Puesto a la tarea de traducir los textos citados, Leizarraga debió ser muy consciente de las dificultades que la situación de la lengua vasca le planteaba. Previamente no existía una lengua literaria común, de manera que él mismo se puso a la tarea de escribir para la mayoría de aquellos a lo que irían destinadas la obras, fuera cual fuera su dialecto. Su decisión sería utilizar la variedad labortana, pero con elementos de los otros euskaras del norte de los Pirineos, a saber, el bajonavarro y el suletino.

Las obras de Leizarraga se presentan como exquisitamente cuidadas y muy trabajadas. Como diría Luis Villasante, uno de los mentores del euskara unificado en la década de los sesenta y la de los setenta del pasado siglo, parece increíble que alguien hubiera podido escribir como Leizarraga, careciendo como carecía de referencias escritas. Su lengua era culta, pero un contrarreformista, Axular, se encargaría de abrir otra senda, también culta, pero en otro sentido. Eso sería ya bien entrado el siglo XVII.

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