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Breve historia de la literatura vasca

Tal y como ocurrió en la poesía, la experimentación caracterizaría la narrativa de esos años. Para entonces, Txillardegi y Ramon Saizarbitoria habían puesto los pilares de la novela moderna, si bien de manera distinta en cada caso. Mientras el primero fijaría su atención en los contenidos narrativos, hasta el punto de crear todo un discurso filosófico, la cuestión estilística se convirtió en la obsesión del segundo. En el caso de éste, es decir, de Saizarbitoria, ya en su primera obra, Egunero hasten delako, trazó una línea que sus trabajos posteriores no harían sino confirmar. Así, dio a la luz Ehun metro (Cien metros, 1976), obra con cierta influencia de las técnicas del Nouveau Roman, y Ene Jesus! (¡Ay, Jesús mío!, 1979), en la que la se evidencia la influencia del estructuralismo de los 60.

En Ehun metro el autor nos cuenta los últimos cien metros que recorre un miembro de ETA perseguido por la policía, y lo hace combinando una voz narrativa en primera persona con otra en segunda persona, a las que se añade otra más neutra en tercera persona. Los planos espacio-temporales se intercalan a un ritmo a veces frenético y a veces pausado, yendo desde los recuerdos de infancia y del paso por comisaría del perseguido hasta las observaciones de un testigo. En Ene Jesus! el protagonista yace en la cama, moribundo. Para no aburrirse tratará de inventar historias que le entretengan, aunque le resultará imposible mantener un hilo coherente, de manera que al final su discurso se convertirá en un flujo incoherente de palabras y frases sin sentido.

Flujo incoherente, o inconsciente si se quiere; ésa precisamente fue la expresión que  Saizarbitoria utilizó en el prólogo a Sekulorum sekulotan (Per secula seculorum, 1975), de Patri Urkizu, obra que cabría considerar como la primera novela vanguardista y experimental en euskara. Le seguirían Zergatik bai (Porque sí, 1976), de Koldo Izagirre, y Ziutateaz (Acerca de la ciudad, 1976), de Bernardo Atxaga. Indiquemos que en la obra de Urkizu hay una ausencia total de puntos y comas, y su discurso absolutamente confuso tampoco se atiene a cronología alguna. En el caso de las obras citadas de Atxaga e Izagirre, cabría hablar de hibridación como rasgo principal. Con todo, en ambos casos se advierte una gran coherencia interna.

En la misma línea de experimentación se situaría  Zergatik Panpox (Por qué, Panpox, 1975), de Arantxa Urretabizkaia, novela corta en la que una mujer, siguiendo la técnica de Joyce, mantiene un monólogo interior mientras se ocupa de su hijo. También se situarían en esa corriente de experimentación Abuztuaren 15eko bazkalondoa (La sobremesa del 15 de agosto, 1979) y Manu Militari (1987), ambas de Joxe Austin Arrieta, o Jon eta Ane zigarro bat erretzen (Jon y Ane fumándose un cigarrillo, 1977), narración corta que dura lo que los personajes del título tardan en fumarse a medias un cigarrillo. También en el caso de Arrieta habría que destacar el dominio de la técnica de superposición de los planos narrativos.

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