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Breve historia de la literatura vasca

La tradición ora en la literatura vasca

Como en tantas otras de su entorno, en la literatura vasca han influido enormemente la propia conciencia de la lengua y la tradición oral.

Ya el mismo Oihenart, hombre y poeta culto donde los hubiera, recogería en su colección de textos de 1665 la balada titulada Andre-Emili, e incluso llegó a publicar sus poemas en el mismo libro en el que recogería una colección de refrenas populares. Siguiendo esa tradición, además de diversos historiadores, antropólogos y críticos literarios, entre los que podríamos citar a Peñaflorida, Iztueta, Azkue o Peillen, numerosos escritores han recurrido a esas mismas fuentes orales.

De manera que se puede afirmar que la literatura vasca escrita en ningún momento ha olvidado del todo las aportaciones de la tradición oral. Pues no lo hizo en sus comienzos, valga el ejemplo de Etxepare, ni lo haría en la época más próxima a nosotros, como lo muestran los casos de Gabriel Aresti y Bitoriano Gandiaga.

Dicho esto, aclararemos que en esta breve historia de la literatura vasca nos fijaremos casi exclusivamente en la producción escrita. Si bien sabemos que la literatura oral, bien sea el versolarismo o repentismo, bien sean el teatro o la canción popular, constituyen claves imprescindibles cuando se trata de analizar la literatura escrita. Éste no es lugar para extendernos en dichas tradiciones orales, que merecen sendas historias individuales. Somos conscientes, además, de que, al prescindir de la historia de esas tradiciones, nos dejaremos en el tintero nombres que han influido enormemente en la tradición escrita. A manera de ejemplo y como homenaje a tales tradiciones, citaríamos a Iruriko Etxahun y J. Casenave.

La literatura escrita

Ningún acercamiento a la historia de la literatura en lengua vasca debería prescindir de un conocimiento previo de la situación socio-lingüística y la coyuntura política del país en cada momento de su historia, ya que la propia literatura vasca sería en cierta medida un reflejo de tales situaciones y coyunturas. A modo de resumen, y para entender mejor la historia que trataremos de presentar, hay tres datos a tener en cuenta de manera ineludible.

En primer lugar, téngase en cuenta que ya desde hace varios siglos el euskara no es la lengua de todos los habitantes del país. Además de eso, el euskara ha vivido durante siglos marginado de los ámbitos institucionales y sometido por tanto al imperio de otras lenguas.

 

Junto a ello, y en segundo lugar, la división política o falta de unidad, según se mire, entre los territorios de lo que en lengua vasca se denomina Euskal Herria –literalmente, Pueblo del Euskara- tampoco ha facilitado el desarrollo de la lengua y la literatura vascas. Tendrían que transcurrir más de 250 años para que, en lo que, siguiendo a estudiosos como Julio Caro Baroja, denominaremos País Vasco Peninsular, se diera el mismo fenómeno que en le País Vasco Continental, es decir, el del cultivo de la lengua escrita.

Para acabar este breve repaso, y en tercer lugar, cabría recordar que la ausencia de unidad política alguna durante siglos no ha hecho más que agravar las diferencias entre las hablas de los diferentes lugares. Ya de partida se considera que los dialectos de la lengua vasca son ocho, nada menos, todos con un cierto cultivo literario, aunque históricamente los más importantes hayan sido el labortano y el suletino en la parte continental y el vizcaíno y el guipuzcoano en la parte peninsular. No obstante, en el conjunto de la producción literaria serían mayoría los libros editados siguiendo las pautas marcadas para la lengua literaria común, el euskara batua, que tomó impulso a partir de la década de los 70 del siglo pasado.

Puestos a la tarea de escribir la historia de la literatura escrita en la lengua que fuera, no deberíamos olvidar que el concepto mismo de literatura ha sido enormemente cambiante a lo largo de la historia. De hecho, sería hacia finales del siglo XIX cuando términos como Literatura o Arte cobraran cierta autonomía conceptual.

En general, y desde una perspectiva histórica, el desarrollo de la literatura escrita en lengua vasca vendría muy ligado a las tareas de divulgación religiosa, con una clara vocación de practicidad no sólo en ese campo. Durante siglos, la producción de libros en lengua vasca se ha ceñido casi exclusivamente a las necesidades pastorales de las iglesias.

Al margen de esas consideraciones sobre la historia social de la literatura, ésta tampoco ha tenido un desarrollo coherente, y ni siquiera continuo. Al leer lo que sigue convendría recordar, sin embargo, que los avatares políticos y religiosos, la dispersión dialectal o la ausencia de escolarización en la propia lengua, entre otros factores, han hecho que la literatura cuyo resumen presentamos aparezca tan fragmentaria como aparece, ya que lo es.

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